Del 12-10 al 10-12. Carta abierta a José Luis Rodríguez Zapatero
Madrid, 19 de octubre de 2006.
José Luis Rodríguez Zapatero
Presidente del Gobierno
Madrid
Estimado presidente:
Desde aquel año en que acudiste al desfile del 12 de octubre y te quedaste sentado mirando como pasaba la bandera de los Estados Unidos mientras Josemari y otros se cuadraban, observamos expectantes tus actuaciones en relación con la Fiesta Nacional.
Muy a pesar nuestro, no has dado el paso que tanto desearíamos. Año tras año, acudes al desfile y allá, cerca de Juan Carlos y su amplísima y real familia contemplas, con sonrisa de circunstancias, el paso de tanquetas, lanzagranadas, helicópteros, aviones, legionarios y cabras.
En la fecha que se conmemora se coronó con éxito la empresa de unos hombres que tuvieron la valentía de ir más allá de lo que establecían las rancias creencias de su época. Pero, también ese día dieron comienzo algunos de los episodios más tenebrosos de la historia de la humanidad: el genocidio de los indígenas americanos y el tráfico masivo de esclavos entre África y América.
Así pues, por más que reconozcamos el valor de la hazaña de los que cruzaron el océano y expandieron los límites del mundo conocido, entendemos que ese día tiene para la humanidad tanto o más de vergonzoso que de honroso.
Estarás probablemente de acuerdo en que el orgullo de pertenencia a nuestra comunidad, ya no lo asentamos en las heroicidades de nuestros ancestros, sino en la contribución que hacemos para que el anhelo de igualdad de derechos y oportunidades para todos los habitantes de la Tierra sea pronto una realidad.
Como sabes, el 10 de diciembre de 1948 tuvo lugar la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Te proponemos que te unas a nosotros en la petición de que la Fiesta Nacional se traslade al 10 de diciembre. Sería un modo de decirles a todos los pueblos de la Tierra que estamos comprometidos con esos derechos, a los que aspiramos no sólo para nosotros, sino para la gran nación humana universal.
Ya no serían necesarias más paradas militares, sino que valdrían festejos civiles (menos fastuosos, por cierto) en los que se diera cabida a todos, incluidos los que han venido de otras tierras para vivir y trabajar con nosotros. Así dejaríamos de dar el bochornoso espectáculo de despilfarrar en bufonadas acrobáticas mientras muchos congéneres se nos mueren de hambre. Además, estamos seguros de que Doña Letizia nos estará eternamente agradecida por evitarle el suplicio que estos eventos le supondrían en sus más que previsibles futuros estados de buena esperanza.
Un afectuoso saludo,