Tuesday, March 6, 2007

Que se los queden

Algún representante gubernamental y otros del PSOE reprendían hace unos días al Partido Popular por apropiarse de los símbolos patrios. Les disgustaba que las banderas rojigualdas distinguieran las manifestaciones organizadas por el PP y sus adláteres y que, para colmo, cerraran sus actos a los sones de la Marcha Real.

Entiendo que el Gobierno tiene la responsabilidad de oponerse a todo intento de apropiación por una parte de aquello que es de la colectividad. Sin embargo, en este caso, y por lo que a mí respecta, pueden ahorrarse las molestias.

En absoluto me siento representado por esa bandera o por ese himno. Su aceptación fue parte del precio a pagar para poder desmantelar la dictadura franquista pero no es fácil olvidar que constituyen el símbolo de unos militares rebeldes que traicionaron a su pueblo derrocando a un gobierno democráticamente elegido. A mí, personalmente, el único recuerdo que me evocan la bandera y el himno son las coacciones y la privación de libertad que bajo el nombre de “servicio militar” experimenté hace ya unos años.

No imagino mayor felicidad para mayor número de españoles a la vez, que la supresión de estos símbolos del Estado y su puesta a disposición, sin restricciones, como si de software libre se tratara, para todos aquellos partidos, asociaciones, colectivos, etc. a cuyos militantes se les eriza el vello a los sones de la marcha real mientras contemplan ondear la bandera roja y amarilla.

A los que nos produce mal rollo, nos veríamos liberados de la pesada obligación de contemplar la bandera hasta en la sopa y de que nos den la brasa con el “chunda, chunda”.
 

A los que les guste, en cambio, podrán usar ambos símbolos con total libertad y hasta “tunearlos”. Podrán ponerle la letra que les parezca bien al himno, incluida aquella de “Franco, Franco, que tiene el culo  blanco…”. Del mismo modo podrán incluir en la bandera cuantas representaciones de aves salvajes o de corral les parezcan adecuadas, sin que por ello nadie les afee su conducta ni les tache de “preconstitucionales”.

En cuanto a la preocupación que alguien pueda sentir por las consecuencias de vivir en un Estado carente de símbolos patrios,  doy fe de que, de facto, dicha carencia es una realidad para muchos ciudadanos españoles desde hace largo tiempo y no parece que nuestra conciencia cívica (ni nuestra salud) se haya resentido por ello. Por otra parte, los problemas de protocolo en actos oficiales, eventos deportivos, representación en organismos internacionales, etc. podrían resolverse sustituyendo la bandera por un cartel que llevara escrito el texto “España” y, el tiempo concedido para la interpretación del himno, podría aprovecharse para incluir alguna selección de éxitos de los cuarenta principales. 

El único colectivo perjudicado por medidas como las propuestas, sería el de los aficionados al “bandering”, ese deporte consistente en la sustitución de banderas de los balcones municipales y la posterior quema de la bandera sustituida. Su capacidad de elección de la bandera a quemar quedaría sensiblemente reducida, pero estoy seguro de que sabrán encontrar otras actividades lúdicas en las que recrearse.

 

¡Viva Ej……….paña!

Posted by Javier Sampedro at 22:12:41 | Permalink | No Comments »