Carta abierta a Ignacio de Juana Chaos
Madrid, 14 de febrero de 2007
Señor de Juana:
Hace 20 años fue Vd. encontrado culpable de 25 asesinatos y condenado por esos hechos a una pena de privación de libertad que recientemente ha terminado de cumplir.
Es muy probable que muchos de los familiares y amigos de sus víctimas nunca consigan perdonarle tal infamia y, seguramente para algunos, cualquiera que hubiera sido la pena impuesta, le habría parecido insuficiente en relación con la gravedad de los crímenes cometidos.
Sin embargo, en un Estado de Derecho, las sanciones por la comisión de un delito dado no vienen determinadas por los sentimientos u opiniones de las víctimas o sus allegados, sino por las previsiones establecidas en las leyes aprobadas democráticamente.
A pesar de que la pena que le fue impuesta ya ha sido cumplida, algunos que comparten con Vd. el escaso respeto por las leyes penales consideraron inadecuada su excarcelación cuando legalmente hubiera correspondido y clamaron por su continuidad en prisión, sin reparar en medios para conseguir su objetivo.
Y tanto empeño tuvo éxito, pues tres jueces de la Audiencia Nacional le condenaron injustamente a 12 años de prisión por escribir un par de artículos en un periódico, satisfaciendo de ese modo tanto a aquéllos que han transformado en odio y rencor el dolor originado por sus actos criminales como a los miserables que tratan de obtener rédito político de las víctimas.
Estos tres jueces, no solo erraron en su decisión, sino que, además, con su torpeza, le condujeron desde la ignominiosa condición de victimario a la de víctima, entorpeciendo de un modo irresponsable un proceso de paz en el que numerosos ciudadanos teníamos depositadas nuestras esperanzas.
Desde el punto de vista estrictamente legal, Vd. cumplió su condena por asesinato y no tiene ya deuda alguna con la sociedad. Sin embargo, cuánto nos habría satisfecho a algunos ver que alguien tan simbólico con Vd. en la dolorosa y lamentable historia del llamado “conflicto vasco” hubiera actuado con un mínimo de mesura, permitiendo que fueran los interlocutores político o los negociadores quienes hubieran puesto remedio a la desafortunada resolución judicial.
Sin embargo, Sr. de Juana, ha hecho Vd. exactamente lo contrario. Ha tomado un protagonismo innecesario con su huelga de hambre, que no sólo no ha remediado el embrollo creado por la Audiencia Nacional, sino que lo ha magnificado, dificultando su solución y creando graves problemas a aquellos que de una y otra parte estaban tratando de alcanzar acuerdos.
Sr. de Juana, el “conflicto vasco” no necesita ya de más mártires. Ojalá Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio sean los últimos muertos de esta sinrazón. ¿Es demasiado para su vanidad renunciar a ser la última víctima? Le solicito, le ruego encarecidamente, le suplico que cese en su huelga de hambre.
El Tribunal Supremo, con admirable sensatez, ha pronunciado una sentencia que sigue siendo tan jurídicamente discutible como la del tribunal inferior, pero que abre las puertas a una solución eficaz a la injusticia que se está cometiendo en su caso.
Ya han sido bastantes los despropósitos, Sr. de Juana. Aproveche la oportunidad que la juiciosa resolución del Tribunal Supremo nos ofrece y deje que el Gobierno haga el resto. Cada día que sigue Vd. en huelga de hambre dificulta más su propia puesta en libertad y retrasa el fin negociado de una situación de violencia en el que, más por necesidad que por ingenuidad, muchos aún confiamos.
Reciba un atento saludo,