Friday, October 12, 2007

¡Feliz fiesta nacional!

Cada año se consuma el esperpento del 12 de octubre con pequeñas variantes. La novedad en esta ocasión, ha estado en que Su Excelencia el Jefe de la Oposición se ha dirigido a los españoles invitándoles a manifestar con “franqueza” su orgullo nacional y deseándoles una feliz fiesta nacional, cual si fueran a los toros.

Una vez más, el festejo lo ha presidido un Jefe de Estado cuyo cargo no procede de una elección democrática sino de la estirpe a la que pertenece y de la voluntad de un sátrapa. Aunque él, su esposa y sus hijos parecía gozosos de participar en el evento, la cara de aburrimiento que mostraba su nuera nos hace sospechar que ciertos gustos se llevan en la sangre y que, por más que se esfuerce Doña Letizia, pasará a mejor vida sin encontrarle la gracia a los desfiles.

Una vez más, ha ondeado la bandera y han sonado los acordes del himno de los golpistas que se alzaron en armas contra un gobierno democrático y el corazón de muchos se ha estremecido.

Una vez más, se elige una fecha que, además de carecer de significación histórica, pues conmemora hechos acaecidos antes de la existencia de España, hiere la sensibilidad de millones de seres humanos, principalmente descendientes de las víctimas, que se sienten identificados con los negros africanos y nativos americanos esclavizados, muertos y torturados y que perciben estas celebraciones como una suerte de escarnio al triste destino de sus antepasados.

Una vez más, el presidente del Gobierno se ha desempeñado con esa frialdad que le recrimina el vocero de radio-obispo al acusarle de escaso sentimiento patriótico, poco amor a España y desinterés por la bandera. La duda que asalta a todos es si su contribución a la patochada se debe a que es un pusilánime o a que está tratando asegurar un puñadito de votos entre la llamada derecha sociológica. Sea como fuere, nada bueno nos puede traer un presidente timorato o contemporizador con la derecha (aunque sea sólo “sociológica”).

Una vez más, en el desfile sólo han participado militares, caballos y cabras. Hemos esperado hasta el final, por ver si aparecían actuarios de seguros, pintores, maestros, otorrinolaringólogos, bibliotecarios, consultores, banderilleros, jardineros, electricistas, prostitutos, curas, oficinistas, jefes de estación, barrenderos, ingenieros, reponedores de hipermercado, taxistas, modistos, marinos mercantes, mayordomos, albañiles o miembros de cualquier otra profesión, pero nuestra paciencia no ha sido recompensada. De igual manera el homenaje fúnebre sólo ha alcanzado a militares muertos en acto de servicio. Ni una flor, palabra o canción para alguno de los mil trabajadores de otras profesiones fallecidos en accidente de trabajo en estos doce meses.

Una vez más, han exhibido obscenamente los artificios de matar.  Fusiles, ametralladoras, cañones, tanques y lanzamisiles han invadido la ciudad sin que el alcalde haya formulado la más leve protesta. Celebran la fiesta de la nación exhibiendo todo lo que tiene la nación para hacer daño y aún se sorprenden de que haya quien no quiera ser parte de esa nación ni participar de esa fiesta. Definitivamente, son cínicos o idiotas.

Quizá algún día adviertan que ya no hay más nación que la humanidad y que lo que nos une con nuestros congéneres de cualquier parte de la Tierra es más que lo que nos separa. Quizá ese día decidan que las fechas a conmemorar sean aquellas que tengan que ver con la vida y no con la muerte. Quizá ese día se hagan fiestas para todos, sea cual sea su oficio, el lugar en que nació o la lengua que hable y en las que vayamos sin uniformes. Quizá ese día no se hagan amenazadoras exhibiciones de fuerza ni se gaste en armas mientras nuestros hermanos se mueren de hambre. Quizá ese día los únicos himnos que se canten sean aquéllos que nos recuerden que no hay nada por encima del ser humano y que ningún ser humano está por encima de otro.

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Sunday, September 30, 2007

Declaración pública del Partido Humanista con motivo del día de la No Violencia

Este texto no es mío, pero suscribo íntegramente sus contenidos.

El Partido Humanista adhiere a la celebración universal del Día de la No Violencia y declara públicamente su repudio a toda forma de violencia y su apuesta por la no-violencia activa como metodología de acción.

Los humanistas rendimos en este día homenaje a los grandes valedores de la no violencia. Agradecemos al Mahatma Gandhi y a Martin Luther King sus aportes esenciales y el ejemplo que dieron con sus vidas. Y reconocemos nuestro referente ideológico más próximo en Silo y su humanismo universalista, en el que lo social, lo personal y aun lo espiritual son aspectos de una misma lucha por superar el sufrimiento y la violencia.

Cuando los humanistas hablamos de violencia no nos referimos tan solo a la guerra, al terrorismo o a la violencia de género. Creemos igualmente conveniente advertir sobre otras manifestaciones de la violencia, en ocasiones más sutiles, pero no por ello menos crueles. Para el Partido Humanista, cada atropello de los derechos humanos es un signo de la violencia imperante. Cada vez que se ignora lo humano en uno de nuestros semejantes, despojándolo de su intencionalidad, se está cometiendo un acto de violencia.

Rechazamos, por tanto, todas las manifestaciones sociales de la violencia.

Rechazamos la violencia física que en forma de guerra, de terrorismo o de represión policial, mata, hiere o condena a la discapacidad a cientos de miles de inocentes.

Rechazamos la violencia psicológica ejercida a través de la manipulación informativa, la censura, la inculcación de contravalores, las amenazas, la degradación y la humillación de individuos y conjuntos humanos, así como del inmoral negocio derivado del creciente uso de psicofármacos que menoscaban la libertad de personas sanas de todas las edades, cuya única dolencia consiste en ser víctimas de un sistema enfermo.

Rechazamos la violencia económica que se manifiesta en la negación a millones de seres humanos de los recursos mínimos para subsistir, en la explotación laboral, en las pensiones de miseria, en las hipotecas usurarias, en la especulación, en la corrupción, en el empleo de los caudales públicos para usos privativos, en la destrucción de los medios de vida de las personas, y en el comercio injusto.

Y rechazamos la violencia racial, religiosa, política o sexual manifestada en la restricción, por vía legal o fáctica, de los derechos en función de la raza, la nacionalidad, la lengua, el credo, la ideología, el sexo o las opciones sexuales.

Ante la violencia que representa la participación de España en alianzas militares y el crecimiento continuo del gasto militar, los humanistas apostamos por la no violencia en forma de prohibición de la fabricación y comercio de armamento y el establecimiento de acuerdos de desarme proporcional y progresivo.

Ante la violencia que representa la reducción encubierta de prestaciones de la sanidad pública, los humanistas apostamos por la no violencia en forma de garantía de derechos sanitarios plenos para todas las personas.

Ante la violencia que representa que una cuarta parte de nuestros niños lleguen a la mayoría de edad sin haber adquirido la instrucción básica, los humanistas apostamos por la no violencia en la forma de una educación pública gratuita y de calidad para todos.

Ante la violencia que representa la muerte de inmigrantes en el mar, la crueldad de devolver a sus países de origen a los que huyen de la miseria y la semiesclavitud o indigencia a la que se están sometidos decenas de miles de extranjeros indocumentados, los humanistas apostamos por la no violencia en forma de reconocimiento efectivo del derecho de todo ser humano a trabajar y a residir en cualquier lugar de la Tierra.

Ante la violencia que representan los trabajos basura, la inseguridad laboral, el desempleo y los accidentes laborales causados por la codicia de empresarios sin escrúpulos, los humanistas apostamos por la no violencia en forma de trabajo digno para todos y una renta básica garantizada por el Estado para todo ciudadano.

Ante la violencia que representan los desequilibrios económicos entre Norte y Sur, los humanistas apostamos por la no violencia en forma de normas internacionales que eviten el expolio de los recursos naturales por parte de multinacionales y gobernantes corruptos y acuerdos de comercio justo y planes de cooperación que permitan a los países más pobres el desarrollo de sus economías productivas.

Ante la violencia que representa la especulación y corrupción inmobiliaria, los precios exorbitados de las viviendas y el endeudamiento de los jóvenes en hipotecas leoninas, los humanistas apostamos por la no violencia en forma de reconocimiento efectivo del derecho a una vivienda digna y una nueva regulación de la actividad de la banca.

La sustitución de una estructura de relaciones sociales basada en la violencia por otra basada en la no violencia, esto es, en el respeto a lo sustancial de todo ser humano, sólo es posible aplicando metodologías no violentas.

Los humanistas proclamamos el derecho de todo ser humano a rebelarse contra las condiciones de violencia impuestas por un sistema injusto, empleando para ello todos los medios de lucha no violenta a su alcance.

Este dos de octubre, el Partido Humanista llama a todos los que no aceptan la violencia como un mal ineludible, a individuos y a grupos humanos víctimas de la violencia o solidarios con los que lo son, a materializar esa pulsión revolucionaria que late en lo más profundo de sus corazones, organizándose y haciendo crecer un movimiento social no-violento, universal y con fuerza transformadora, que ponga al ser humano y su dignidad como valores centrales.

 

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Monday, September 17, 2007

Doce razones para ser humanista

  1. Soy humanista porque no he hallado causa más valiosa que la que pone al ser humano como valor central.
  2. Soy humanista porque he aprendido que ciertos viajes no son para hacerlos solo.
  3. Soy humanista porque quiero superar el sufrimiento y la violencia que anidan en nuestros corazones.
  4. Soy humanista porque soy rebelde.
  5. Soy humanista porque quiero seguir aprendiendo cada día.
  6. Soy humanista porque comprobé que el que navega a la deriva, antes o después, naufraga.
  7. Soy humanista porque necesito reconciliarme.
  8. Soy humanista porque quiero poner lo mejor de mí al servicio de la mejor de las empresas.
  9. Soy humanista porque los humanistas son mi pueblo, aunque no espere nada concreto de ellos.
  10. Soy humanista porque no he conocido moral más válida que la del siloísmo.
  11. Soy humanista porque quiero ser el guionista y el director de mi vida.
  12. Soy humanista porque no me importa sembrar para que otros recojan cuando yo ya no esté.
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Tuesday, August 28, 2007

Crónica del I Encuentro de Planteles Autonómicos del Partido Humanista

El 25 y 26 de agosto tuvo lugar el I Encuentro de Planteles Autonómicos del Partido Humanista. Treinta y cinco participantes, venidos de Andalucía, Cantabria, Cataluña, Extremadura, Madrid, País Vasco y Valencia, nos dimos cita en Barcelona. Pretendíamos intercambiar puntos de vista sobre el mejor modo de hacer cumplir al partido su papel de expresión política del movimiento y ponernos de acuerdo en las acciones a emprender en el nuevo curso político. La reunión se celebró en un amplísimo y acogedor local en Nou Barris. Una enorme pancarta de Mundo Sin Guerras ocupaba un lugar destacado.

Nos costó un poco arrancar. Las expresiones de alegría por el reencuentro con viejos amigos, las presentaciones y las conversaciones informales en corrillos amenazaban con ocuparnos el fin de semana entero. En la mañana la discusión fue conjunta y tenía por objeto dar forma a una imagen compartida sobre el partido que queríamos construir y los atributos que éste debía tener para servir mejor a la obra común. Tras ello, almorzamos en el propio local o, para ser más preciso, en el amplio callejón por el que se accedía. Ensalada, pollo asado, patatas fritas, melón, refrescos y café; invitación de unos anfitriones que hicieron todo lo posible para que los que habíamos viajado nos sintiéramos como en casa.

Después de la comida nos dividimos en cuatro grupos de trabajo, que se correspondían con las secretarías principales: general, organización, movilización y prensa, para tratar de establecer las líneas de acción de cara a las elecciones de 2008.

La comisión de prensa fue la que contó con mayor número de participantes. De ella salió el plan de reactivar la página Web del partido y se fijaron acciones que permitieran alcanzar ese objetivo en un plazo breve. Las otras comisiones también plantearon acciones que deben conducirnos a que tras las elecciones de 2008 contemos con un partido más sólido, mejor organizado y más útil para el desarrollo del Movimiento.

La mañana del domingo fue dedicada principalmente a intercambiar acerca del posicionamiento del Partido sobre los cuatro temas básicos: inmigración, desarme, psicofármacos y salud.

Además de las conclusiones alcanzadas en el trabajo conjunto, que nos permitirán hacer un partido mejor y de las que darán buena cuenta el acta de las reuniones, fue destacable el entusiasmo compartido por los participantes y la disposición unánime de trabajar codo a codo para abrir hueco en el medio a la voz social y política del nuevo humanismo. Muchos volvimos a casa con la certeza de que aquello había sido bueno para cada uno nosotros y que, más pronto que tarde, también sería bueno para el Movimiento.

Navacerrada, 27 de agosto de 2007.

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Sunday, August 5, 2007

El polvo del Heredero

La injusta y sorprendente orden de secuestro de la publicación “El Jueves” por una caricatura en la que aparecían el hijo y la nuera del Rey copulando y sosteniendo una simpática conversación ha dejado expuestos al reproche, por su anacronismo, y a la risión pública, por su ineficacia, al juez que la acordó y al fiscal que la instó. Portada del jueves

La mayor parte de las críticas se han centrado en la incompatibilidad de la libertad de expresión con el secuestro cautelar de publicaciones.  Algunas más, se referían a la evidente inutilidad de la medida, pues la estampa cuya circulación pretendía impedirse ha alcanzado una difusión inimaginable sin el secuestro. Unas pocas protestas se han referido a la intervención del ministerio fiscal en una supuesta ofensa en la que habitualmente quienes reclaman justicia son los agraviados y no el ministerio público. Sin embargo, llama la atención que han sido escasísimos los reproches a la forma y contenido del auto judicial y de la denuncia del fiscal.

Buena parte del entorno del juez y del fiscal ha defendido a éstos invocando, con gran dosis de cinismo, una suerte de “obediencia debida” a la ley: “los jueces aplican las leyes, no las hacen”, alegan. Omiten que también es misión de los jueces la interpretación de la ley y que la calificación de la viñeta como “claramente denigrante” y de la actitud de los protagonistas como “objetivamente infamante” es atribuible exclusivamente al fiscal, así como es de la exclusiva firma del juez la consideración de que la caricatura afecta al honor de los copulantes y a la raíz última de su dignidad.

La mayoría de los críticos se han cuidado de explicitar su desacuerdo con la caricatura y han remarcado este desacuerdo empleando calificativos para el dibujo tales como cochino, grosero, zafio o soez. Estas expresiones, sin ser tan osadas o arrogantes como las empleadas por fiscal y juez ratifican en su condición de ofendidos a los protagonistas de la escena y ubican la broma en el terreno de lo reprobable. No queda de ningún modo claro si lo “claramente denigrante”, zafio, soez, grosero y de mal gusto de la caricatura están en el texto, en la representación de los cuerpos desnudos del hijo y de la nuera del rey o en la actividad que ejecutan. Del escrito de denuncia del fiscal pareciera que lo “objetivamente infamante” es la postura corporal adoptada en el ayuntamiento carnal de los príncipes, aunque no se esclarece si la representación del coito en otras posturas también merecería reprobación.

¡Qué diferentes son los significados de algunas palabras según quien las use! Mientras para ellos lo grosero y lo zafio está casi irremisiblemente vinculado a la práctica del sexo para otros el sexo es diversión, juego, pasión, sutileza, delicadeza y, a veces, amor. En cambio, vemos zafiedad en la continua exposición de la intimidad de personas en “reality shows”, programas del corazón y otros subproductos televisivos que tanta rentabilidad aportan a los patrones de los biempensantes. El mal gusto lo hallamos en la exhibición obscena de riqueza de la que hacen gala el Rey y sus familiares mientras una quinta parte de los españoles viven bajo el umbral de pobreza relativa. Infamantes son las sentencias de esos jueces que atribuyen incapacidades para la educación de sus hijos a personas cuya orientación sexual no es de su agrado. Y la denigración la encontramos en los inmigrantes hacinados en los centros de acogida, en el trato recibido por los que acuden a la sanidad pública y son aparcados en pasillos de las urgencias a la espera de mejor destino, en un sistema educativo que conduce al fracaso escolar a un 30% de los menores o en la privación del derecho a una vivienda digna de que están siendo objeto la práctica totalidad de los jóvenes.

Que la escena de un cándido polvo de Felipe de Borbón y Letizia Ortiz haya sido descalificada con adjetivos tan recios sólo se explica por la persistencia del pensamiento nacional-católico en los tribunales de justicia y en las redacciones de los medios. Los más estúpidos siguen viendo el sexo con la mirada de los curas y las monjas que les instruyeron. Los más cínicos recurren a tan pobres argumentos para evitar pronunciarse sobre el fondo de asunto: la ausencia de legitimidad democrática del Jefe del Estado y el abuso que supone que con cargo al erario público y, sin dar cuentas a nadie, se mantenga a una parentela tan amplia que carece de actividad productiva conocida.

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Saturday, June 9, 2007

La cobardía de Zapatero y el fin de la tregua

El comunicado de ETA declarando el fin de la tregua certifica la pérdida de otra oportunidad para la paz. Y esta vez, ni ETA ni el PP han defraudado. Ambas organizaciones han hecho exactamente lo que, revisando sus respectivas historias, era más probable.

El Partido Popular y ETA comparten su devoción por la violencia como modo de resolver los conflictos. La apuesta de ETA es por una violencia que tiñe los suelos de sangre y los corazones de terror y que las leyes reprueban. La apuesta del PP es por el uso de la violencia legal; es decir, la que en régimen de monopolio, las leyes atribuyen al Estado. Para la derecha, el camino está en encarcelar no sólo a los asesinos, sino también a los que dicen lo que no gusta escuchar, en incrementar el castigo de los presos alejándolos de sus familias y en suprimir el derecho a elegir o ser elegidos para cargos públicos a todo aquel sospechosos de simpatizar con los fines de ETA.

En esa lógica, no es muy sorprendente que ciertos sectores etarras, decepcionados por que el alto el fuego no produjera una respuesta visible, decidieran presionar con una bomba y, visto que la bomba de Barajas y sus dos muertos tampoco ha provocado avances tangibles, ahora concluyan que lo que hay que hacer es poner más bombas y, además, lo anuncien con un comunicado público. La lógica de la derecha es similar: su punto de vista es que el PSOE no ha aplicado con la energía debida el palo largo y la mano dura y, que si es necesario, alarguemos el palo y endurezcamos la mano.

Si la pretensión es de eterna venganza y reparación de afrentas históricas, el camino que marcan estos dos actores, la derecha y ETA, es el adecuado. Seguiremos acumulando muertos, presos, desplazados interiores y exteriores, miedo, dolor y sufrimiento.

Por el contrario, si se busca la paz, sólo hay un camino : el de la reconciliación y la no violencia. Este camino requiere grandes esfuerzos; hay que tratar, aunque sólo sea por un instante, de mirar la realidad desde los ojos de quien no comparte nuestras ideas o creencias; hay que intentar entender las aspiraciones, los temores y los sentimientos de los otros y hay, en definitiva, que armarse de grandes dosis de paciencia porque muchas veces se siente que los esfuerzos no son correspondidos. Pero, con todas esas dificultades, es la única alternativa válida.

Algunos confiábamos que Zapatero, tras haber adoptado decisiones que demostraban un arrojo político superior al de otros correligionarios suyos, reconduciría los despropósitos acumulados por sus antecesores en relación con la política antiterrorista. Esperábamos que haría desaparecer del Código Penal los delitos de opinión creados a medida para encarcelar al que compartiera objetivos con ETA (aunque no compartiera su actividad criminal), que reformaría la Ley de Partidos o, cuando menos, que emplearía la discrecionalidad que le otorga dicha ley para que ningún vasco se quedara sin votar a su opción política preferida y que acercaría los presos vascos a su entorno, eliminando la arbitrariedad jurídica que supone añadir a la pena de privación de libertad, un destierro no previsto en el Código Penal.

Todas estas medidas son de justicia y podían y debían adoptarse en esta legislatura con independencia de cuál fuera la actitud de ETA. Se trataba, simplemente, de volver a poner las leyes española en concordancia con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de devolver a éstas el sentido común, la inclinación por la tolerancia y la repugnancia por la represión que mejor representan el espíritu democrático de los españoles.

El alto el fuego de ETA, en marzo del año pasado, convirtió en urgentísimo lo que ya estaba identificado como necesario.

Sin embargo, Zapatero se arrugó frente a unos y frente a otros. En tres años, se ha convertido en una caricatura de lo que fue o lo que pudo ser. El presidente ha carecido de valentía política de tomar las decisiones que había que tomar. No ha sabido aguantar la presión a la que le ha sometido el Partido Popular, ha estado más preocupado del “qué dirán” (es decir, del coste en votos de cada paso) que de la responsabilidad histórica que tenía. Le ha quedado grande el traje. Ha hecho poco y a medias, dejando insatisfechas a todas las sensibilidades y transmitiendo a la opinión pública la idea de que los derechos humanos podían ser objeto de negociación.

Ha postergado por todos los medios el procesamiento de líderes de Batasuna en vez acometer la supresión del Código Penal de los absurdos delitos que se les imputan. Ha promovido arbitrariamente la ilegalización de unas listas electorales mientras que ha permitido que otras se pudieran presentar y ha mantenido el ilegítimo alejamiento de los presos. Con este “quedarse a medias”, el Gobierno ha transmitido la imagen de que estaba haciendo concesiones a los terroristas, lo cual constituía justamente la tesis del Partido Popular.

Zapatero no ha sido capaz de comprometerse con la libertad de expresión, el derecho a elegir y ser elegido y el derecho de todo convicto a no ser condenado a más penas que las previstas en las leyes. No sabemos cuál habría sido la reacción de ETA en otro escenario. Lo que sí sabemos, en cambio, es que hoy tendríamos una presidencia del gobierno más fuerte, confiable y comprometida contra la violencia. En vez de ello, tenemos un presidente acogotado, lastimoso y suplicante, acosado por el trío más siniestro de la historia política de España : Rajoy, Acebes y Zaplana que trata por todos los medios de darle el abrazo del oso. Y todo ello, por preferir conservar media docena de votos “centristas” antes que la defensa de los derechos humanos.

No podemos afirmar que la cobardía e inmadurez de Zapatero sea la única o la principal razón del fracaso del proceso de paz, pero, si no rectifica pronto, será causa suficiente para que pase a la historia caracterizado, no por su famoso talante, sino por la misma traza de mediocridad política y pobre calidad humana que caracterizó a sus predecesores.

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Wednesday, March 21, 2007

Crónica de una manifestación no autorizada

Madrid, 17 de marzo de 2007, 20 horas, manifestación de condena a la guerra en Irak. Un individuo portando una pequeña bandera naranja, sujeta en el extremo de un largo mástil y que precede a un grupo de manifestantes caracterizados por la abundancia de banderas, pancartas y sombreros del mismo color, se escora hacia la derecha y abandona la manifestación casi al final del Paseo del Prado. Como un resorte, el grupo anaranjado, de modo más bien desordenado le sigue hasta ubicarse en el final de la calle Atocha, dónde ésta desemboca en la plaza homónima.

El abanderado se retira hacia un lado, y un grupo, integrado mayoritariamente por mujeres jóvenes se despliega de un lado a otro de la calzada portando una pancarta del Partido Humanista. Tras ellas se van ubicando el resto de los manifestantes que han abandonado el grueso de la manifestación principal y, como un río que desafía la fuerza de la gravedad, empiezan el ascenso por la calle Atocha.

A los pocos metros esperan varias furgonetas policiales y algunos jóvenes policías armados con material antidisturbios y algo nerviosos. El que pareciera ser el jefe de los uniformados se acerca al más añoso de los portadores  de la pancarta, ubicado en el extremo izquierdo y le interroga. - “¿Hacia dónde se dirigen?” –pregunta el policía

- “A la Plaza Mayor, a concentrarnos allá a favor del desarme nuclear total”.

El jefe policial se comunica por radio con sus superiores y vuelve a preguntar:

- “¿Son Vds. los de Guantánamo?”
- “No señor, nosotros somos de aquí… bueno, la mayoría somos de aquí”
- “¿Tienen Vds. permiso?”
- “Sí, por supuesto”.
- “Esperen… desplieguen bien la pancarta, que podamos leerla”

El policía vuelve a emplear la radio y, de pronto, empieza a escucharse en todos los radios trasmisores de los policías que van rodeando a los manifestantes:

- “Dice ‘No a la Guerra, Por una Europa Unida, Partido Humanista’ y el responsable de la manifestación declara no ser de los de Guantánamo y disponer de permiso para concentrarse en la Plaza Mayor.”

Le responden algo que los manifestantes no alcanzan a escuchar y señala amablemente:

- “Pueden Vds. continuar”

Desde luego nadie le explicó el detalle de que los humanistas disponían de permiso para concentrarse en la Plaza Mayor pero no para manifestarse desde la Glorieta de Atocha hasta su destino y, mucho menos, interrumpiendo el tráfico rodado. Tampoco pareció importarle mucho al policía semejante detalle.

Así, la manifestación, autorizada sobre la marcha por las fuerzas de orden público avanzó camino a su destino. La cabecera se desplazaba con inusitada rapidez porque, al parecer, los medios de comunicación estaban convocados y  parecía descortés que el grueso de los concentrados llegara después de los fotógrafos. A la altura del metro de Antón Martín, dos furgonetas policiales cortan el paso. Otros diez policías antidisturbios, portando sus cascos en la mano izquierda y la porra en la derecha. Algún humanista se acogotó (cosa rara entre los humanistas, pero cada uno es libre de tener sus miedos –o su prudencia-) y preguntó:- “¿Y si nos vamos por la acera y en silencio?” 

Pero no parecía que ése fuera el ánimo de la mayoría de los manifestantes humanistas. La tensión entre los integrantes de la cabecera de la manifestación y los agentes policiales apenas duró unos instantes. El mando policial apareció de nuevo desde atrás, se acercó sigilosamente al manifestante que él mismo había decidido erigir en interlocutor y le apuntó, con extrema cortesía:

-“mire… ¿les importaría a Vds. ir un poco más despacio? Así nosotros no tenemos que correr tanto y Vds. van más agrupaditos y les sale una manifestación más lucida.”

Los humanistas que escuchaban al policía no daban crédito a sus oídos, pero vista la amabilidad con la que había sido formulada la petición, la natural solidaridad de los humanistas con el resto de los seres humanos (incluidos los agentes del orden) afloró y todos redujeron el paso, para que los sufridos funcionarios no se quedaran exhaustos. Además la indudable experiencia que las fuerzas de orden público tienen en materia de estética manifestacional contribuyó a que la sugerencia fuera atendida.

Sólo un humanista díscolo, segundo por la izquierda de la pancarta y más o menos de la misma edad que el jefe policial parecía ignorar las directrices de éste, y cada rato, como si de un danzante zulú en Soweto se tratara y entre cánticos de “No violencia activa, alternativa”, comenzaba a correr, provocando el agotamiento del resto de pancartistas, la mayoría más jóvenes que él y la desesperación del policía al mando que veía como la manifestación perdía en belleza por la dispersión de los manifestantes, mientras los hombres a sus órdenes sudaban la gota gorda.

Finalmente el grupo alcanzó su destino: la Plaza Mayor de Madrid. Entre nuevos cánticos y danzas, el grupo hizo, al sprint, su triunfal entrada en el recinto, dejando atónitos a los nativos y foráneos que habían aprovechado la agradable tarde de fin de invierno para pasear por la emblemática plaza.

Cientos de personas, entre los recién llegados y los humanistas que esperaban ya en la plaza formaron un círculo humano, en el que la mayoría de sus integrantes portaban linternas. Reivindicaban el desarme nuclear total. De los detalles de lo acaecido en la Plaza Mayor dan fe las fotografías y las grabaciones de vídeo.

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Tuesday, March 6, 2007

Que se los queden

Algún representante gubernamental y otros del PSOE reprendían hace unos días al Partido Popular por apropiarse de los símbolos patrios. Les disgustaba que las banderas rojigualdas distinguieran las manifestaciones organizadas por el PP y sus adláteres y que, para colmo, cerraran sus actos a los sones de la Marcha Real.

Entiendo que el Gobierno tiene la responsabilidad de oponerse a todo intento de apropiación por una parte de aquello que es de la colectividad. Sin embargo, en este caso, y por lo que a mí respecta, pueden ahorrarse las molestias.

En absoluto me siento representado por esa bandera o por ese himno. Su aceptación fue parte del precio a pagar para poder desmantelar la dictadura franquista pero no es fácil olvidar que constituyen el símbolo de unos militares rebeldes que traicionaron a su pueblo derrocando a un gobierno democráticamente elegido. A mí, personalmente, el único recuerdo que me evocan la bandera y el himno son las coacciones y la privación de libertad que bajo el nombre de “servicio militar” experimenté hace ya unos años.

No imagino mayor felicidad para mayor número de españoles a la vez, que la supresión de estos símbolos del Estado y su puesta a disposición, sin restricciones, como si de software libre se tratara, para todos aquellos partidos, asociaciones, colectivos, etc. a cuyos militantes se les eriza el vello a los sones de la marcha real mientras contemplan ondear la bandera roja y amarilla.

A los que nos produce mal rollo, nos veríamos liberados de la pesada obligación de contemplar la bandera hasta en la sopa y de que nos den la brasa con el “chunda, chunda”.
 

A los que les guste, en cambio, podrán usar ambos símbolos con total libertad y hasta “tunearlos”. Podrán ponerle la letra que les parezca bien al himno, incluida aquella de “Franco, Franco, que tiene el culo  blanco…”. Del mismo modo podrán incluir en la bandera cuantas representaciones de aves salvajes o de corral les parezcan adecuadas, sin que por ello nadie les afee su conducta ni les tache de “preconstitucionales”.

En cuanto a la preocupación que alguien pueda sentir por las consecuencias de vivir en un Estado carente de símbolos patrios,  doy fe de que, de facto, dicha carencia es una realidad para muchos ciudadanos españoles desde hace largo tiempo y no parece que nuestra conciencia cívica (ni nuestra salud) se haya resentido por ello. Por otra parte, los problemas de protocolo en actos oficiales, eventos deportivos, representación en organismos internacionales, etc. podrían resolverse sustituyendo la bandera por un cartel que llevara escrito el texto “España” y, el tiempo concedido para la interpretación del himno, podría aprovecharse para incluir alguna selección de éxitos de los cuarenta principales. 

El único colectivo perjudicado por medidas como las propuestas, sería el de los aficionados al “bandering”, ese deporte consistente en la sustitución de banderas de los balcones municipales y la posterior quema de la bandera sustituida. Su capacidad de elección de la bandera a quemar quedaría sensiblemente reducida, pero estoy seguro de que sabrán encontrar otras actividades lúdicas en las que recrearse.

 

¡Viva Ej……….paña!

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Saturday, March 3, 2007

Víctimas y víctimas

La transición de 1977 fue posible porque la mayor parte de las víctimas del golpe de 1936 y de la larga y cruel dictadura del General Franco, en un acto de impresionante generosidad renunciaron al resarcimiento que legítimamente les correspondía. El ímpetu de lucha que surgía de su dolor lo orientaron, no hacia la venganza sino hacia la construcción de un futuro mejor para todos nosotros.

 

Ahora, treinta años después, los próceres del PP niegan una mera reparación moral a aquellos hombres y mujeres valientes y magnánimos y, en cambio, claman contra una supuesta vulneración de derechos de  las víctimas de ETA que, en modo alguno son capaces de explicar porque, simplemente, tal vulneración de derechos no existe.

 

A las víctimas de ETA nunca les ha faltado el reconocimiento y solidaridad de la sociedad y de las instituciones públicas. Todos los gobiernos de la democracia, como el respaldo de la mayoría de la sociedad, les han prestado amplio apoyo incluidas generosas pensiones. El respeto, consideración y solidaridad mostrados por el Estado y la sociedad civil hacia las víctimas de ETA no tiene comparación alguna con el mostrado por otros colectivos de víctimas.

 

Además, y cómo no podía ser menos, el Estado ha puesto todos los medios a su alcance para perseguir a los autores de los crímenes  y, cuando ha habido éxito en la captura de los culpables, éstos han sido condenados y han cumplido sus condenas de acuerdo a los criterios más severos previstos por las leyes, yendo alguna vez, incluso, más allá de lo que prestigiosas organizaciones no gubernamentales de Derechos Humanos consideran admisible.

 

Nada parecido ha ocurrido con los partícipes en los crímenes de la dictadura. Ni un solo político, policía, militar o funcionario de prisiones franquista, de bajo o alto rango, fue perseguido, juzgado o condenado por su colaboración con los miles de crímenes cometidos en la época. No sólo eso, sino que muchos de ellos continuaron y progresaron en sus carreras políticas o profesionales en el nuevo régimen, a  pesar, incluso, de que los hechos de los que fueron autores o cómplices necesarios merecerían calificaciones jurídicas y morales similares a las acciones más reprobables de ETA. 

 

Gracias a aquellos héroes anónimos, cuya condición de víctimas nació en la mayoría de los casos por una decisión consciente de enfrentar al régimen criminal, hoy vivimos en uno de los países de
la Tierra más avanzados en materia de libertades y derechos civiles. En ese empleo tan provechoso de la fuerza nacida de su sufrimiento estuvo la clave de nuestra actual convivencia. Haber reivindicado juicios y condenas para Fraga, Suárez, Fernández Miranda, Cabanillas, Areilza, Borbón, etc. o para la cúpula militar y policial franquista habría obstaculizado el desmantelamiento del régimen de tal modo que España se habría teñido de sangre una vez más.

 

Es más, muchos de esos personajes, a los que entonces era difícil ver más que como  simples cooperadores de una cruel dictadura, se transformaron en agentes activos de la transición política y con su proceder, no sólo redimieron su actuación pasada, sino que llegaron a convertirse en ciudadanos respetados.

 

Muchas víctimas del conflicto vasco, y muy especialmente las más próximas a aquéllas que también lo fueron del franquismo ya han emprendido el sabio camino que marcaron las víctimas de la dictadura y apuestan decididamente por la búsqueda de soluciones no violentas al conflicto vasco.

 

Otras, por el contrario, lideradas por el neofascista Alcaraz, agrupadas en la AVT, y jaleadas por el Partido Popular vociferan reclamando una venganza a la que equívocamente denominan justicia, inconscientes de que la semilla del odio que portaban sus victimarios ha arraigado ya también en sus corazones e ignorantes de que sus sentimientos se tornan, día a día, igual de oscuros y siniestros que los de aquéllos que tanto sufrimiento les causaron.

 

Si las víctimas del franquismo, cuyo número es cientos de veces mayor que el de víctimas de ETA, hubieran mostrado tan sólo una centésima parte de la intolerancia que muestra la mal llamada Asociación de Víctimas del Terrorismo, la guerra civil, tras la muerte de Franco habría sido inevitable. Hoy día, constatamos que su comportamiento en la transición no fue sólo una muestra más de la generosidad que ya habían mostrado arriesgando sus vidas o su libertad en la lucha contra el tirano, sino un acto de suprema  inteligencia que acredita la visión histórica de aquellos valientes.

 

Tengo la inmensa fortuna de de no haber sido víctima  pero si tal desventura recayera sobre mí, ojalá mis seres queridos, o yo mismo, si fuera el caso, mantenga la cordura suficiente para seguir el ejemplo de las víctimas del franquismo o de aquellas víctimas de ETA que han hecho de su dolor un incentivo para buscar la paz  y no un aliciente para la venganza.

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Tuesday, February 13, 2007

Carta abierta a Ignacio de Juana Chaos

Madrid, 14 de febrero de 2007

Señor de Juana:

Hace 20 años fue Vd. encontrado culpable de 25 asesinatos y condenado por esos hechos a una pena de privación de libertad que recientemente ha terminado de cumplir.

Es muy probable que muchos de los familiares y amigos de sus víctimas nunca consigan perdonarle tal infamia y, seguramente para algunos, cualquiera que hubiera sido la pena impuesta, le habría parecido insuficiente en relación con la gravedad de los crímenes cometidos.

Sin embargo, en un Estado de Derecho, las sanciones por la comisión de un delito dado no vienen determinadas por los sentimientos u opiniones de las víctimas o sus allegados, sino por las previsiones establecidas en las leyes aprobadas democráticamente.

A pesar de que la pena que le fue impuesta ya ha sido cumplida, algunos que comparten con Vd. el escaso respeto por las leyes penales consideraron inadecuada su excarcelación cuando legalmente hubiera correspondido y clamaron por su continuidad en prisión, sin reparar en medios para conseguir su objetivo.

Y tanto empeño tuvo éxito, pues tres jueces de la Audiencia Nacional le condenaron injustamente a 12 años de prisión por escribir un par de artículos en un periódico, satisfaciendo de ese modo tanto a aquéllos que han transformado en odio y rencor el dolor originado por sus actos criminales como a los miserables que tratan de obtener rédito político de las víctimas.

Estos tres jueces, no solo erraron en su decisión, sino que, además, con su torpeza, le condujeron desde la ignominiosa condición de victimario a la de víctima, entorpeciendo de un modo irresponsable un proceso de paz en el que numerosos ciudadanos teníamos depositadas nuestras esperanzas.

Desde el punto de vista estrictamente legal, Vd. cumplió su condena por asesinato y no tiene ya deuda alguna con la sociedad. Sin embargo, cuánto nos habría satisfecho a algunos ver que alguien tan simbólico con Vd. en la dolorosa y lamentable historia del llamado “conflicto vasco” hubiera actuado con un mínimo de mesura, permitiendo que fueran los interlocutores político o los negociadores quienes hubieran puesto remedio a la desafortunada resolución judicial.

Sin embargo, Sr. de Juana, ha hecho Vd. exactamente lo contrario. Ha tomado un protagonismo innecesario con su huelga de hambre, que no sólo no ha remediado el embrollo creado por la Audiencia Nacional, sino que lo ha magnificado, dificultando su solución y creando graves problemas a aquellos que de una y otra parte estaban tratando de alcanzar acuerdos.

Sr. de Juana, el “conflicto vasco” no necesita ya de más mártires. Ojalá Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio sean los últimos muertos de esta sinrazón. ¿Es demasiado para su vanidad renunciar a ser la última víctima? Le solicito, le ruego encarecidamente, le suplico que cese en su huelga de hambre.

El Tribunal Supremo, con admirable sensatez, ha pronunciado una sentencia que sigue siendo tan jurídicamente discutible como la del tribunal inferior, pero que abre las puertas a una solución eficaz a la injusticia que se está cometiendo en su caso.

Ya han sido bastantes los despropósitos, Sr. de Juana. Aproveche la oportunidad que la juiciosa resolución del Tribunal Supremo nos ofrece y deje que el Gobierno haga el resto. Cada día que sigue Vd. en huelga de hambre dificulta más su propia puesta en libertad y retrasa el fin negociado de una situación de violencia en el que, más por necesidad que por ingenuidad, muchos aún confiamos.

Reciba un atento saludo,

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