Saturday, October 10, 2009

¡No a la guerra!

“El jefe del Ejecutivo subrayó que España tiene una obligación de solidaridad con aquellos países de los que es aliado y debe contribuir al esfuerzo internacional en una misión de apoyo humanitario de carácter conjunto”.

“El jefe del Ejecutivo recalcó que Naciones Unidas y la OTAN han definido la operación como de ‘estabilidad y reconstrucción’ y que las tropas trabajan para lograr un país ‘viable’, ‘democrático’ y ‘con un horizonte’”.

El primero de los párrafos anteriores está extraído de El Mundo y el segundo del periódico gallego Atlántico. Además de eso, les diferencia la fecha, uno es del 19 de marzo de 2003 (el día previo al comienzo del genocidio en Irak) y el segundo del 9 de octubre de 2009. Como el lector ya habrá podido deducir, el “jefe del ejecutivo” del primer párrafo era Aznar y el del segundo, Zapatero. Es curioso, no obstante, observar como el fantasma que habita en el Palacio de la Moncloa se apropia de los cuerpos de sus inquilinos más insignes y éstos desarrollan la admirable técnica de adornar palabras tan repugnantes como “tropas” y “aliados” con otras que aluden a sentimientos encomiables, tales como “solidaridad” o “humanitario”.

Ya todos sabemos que en Afganistán no hay una misión humanitaria ni nada similar. Hay una guerra y los soldados españoles constituyen una tropa invasora en un territorio ocupado. El pasado jueves, el joven soldado español Cristo Ancor Cabello murió en Afganistán. Su muerte se produjo mientras ocupaba la posición de tirador en una tanqueta como la que se ve en la foto, es decir, mientras manejaba ese artefacto mortífero parecido a una ametralladora ubicado en la torreta del vehículo. El hecho ocurrió cuando la tanqueta pisó una mina anticarro, es decir, una bomba de gran potencia que se activa cuando un vehículo pesado como éste pasa por encima. Quizá, incluso, fuera una mina producida en alguna de las numerosas compañías europeas o españolas de fabricación de armamento.

Foto de BMR 600
Foto de BMR 600

Indudablemente, la pérdida de Cristo es lamentable. Tan lamentable como la de cada ser humano, nacional o extranjero, civil o militar, que cae a diario a ese campo de batalla. Ahora bien, calificar este acontecimiento, como hace el Gobierno, de atentado terrorista, es asimilar la muerte de este joven con la de los viajeros de los trenes de Atocha, los compradores del Hipercor de Barcelona o muchos trabajadores y empresarios vascos que fueron víctimas de ETA cuando salían de casa para acudir a su trabajo o jugar una partida de naipes con los amigos. Y esto es una manipulación que, de no referirse a acontecimientos tan dolorosos, sería grotesca. Cristo murió en un acto de guerra, como acto de guerra, y no atentado terrorista, fue la venganza ejecutada al día siguiente por el ejército norteamericano.

Zapatero, como hizo Aznar, miente. Es triste ver repitiendo las palabras de Aznar al hombre que ganó las elecciones gracias al ansia de paz de los españoles a los que este personajillo rampante y belicista les causaba profunda repulsión.

Zapatero, al traicionar la esperanza de aquellos que confiaron en él, hace honor a la tradición de los líderes socialdemócratas. En su favor hay que decir que la traición no se ha consumado a la misma velocidad que la de su predecesor y correligionario Felipe González que, con pasmosa rapidez, pasó de liderar la oposición a la OTAN a convertirse en un atlantista convencido y, de luchador por la democracia, a valedor de los violadores de Derechos Humanos, que encontraron cobijo en sus gobiernos.

Es la hora de entonar de nuevo el “No a la guerra”. Es la hora de negarle ya el apoyo a ese presidente que, aunque juega a “poli bueno”, también canjea vidas humanas por entradas a la Casa Blanca. Es la hora de creer que ese mundo sin guerras, al que aspira la mayoría de la humanidad, es algo posible. Es la hora de que todos los que compartimos el proyecto de un mundo más humano tomemos el timón del futuro.

El día 14 de noviembre pasa por Madrid la Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia. Un grupo de hombres y mujeres que, desde el 2 de octubre, día de la No Violencia, en que partieron de Wellington (Nueva Zelanda) hasta el 2 de enero, en que arribarán a Punta de Vacas (Argentina), recorrerán más de cien países portando un mensaje de esperanza.

La Marcha Mundial será recibida en cada punto de su recorrido por individuos y colectivos que sienten como propias las demandas de la Marcha: desarme nuclear absoluto, retirada de las tropas invasoras de los territorios ocupados, reducción del armamento convencional, firma de tratados de no-agresión y renuncia de los gobiernos a la guerra como medio de resolución de conflictos.

Ningún gobierno debería permanecer ajeno a esta llamada que nace de los corazones de la gente buena. España, como potencia ocupante en Afganistán, tiene sus deberes por hacer. El 14 de noviembre, si no ha enmendado aún, será muy buen día para recordárselo a Zapatero.

www.marchamundial.org

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Sunday, April 27, 2008

Amenazada la revolución no-violenta de Bolivia

En 2006, el pueblo de Bolivia habló en las urnas y optó por una transformación profunda de las estructuras económicas y políticas del país. El cambio que se fraguaba en Bolivia fue simbolizado por la figura un cocalero indígena, Evo Morales, desempeñando la primera magistratura del país.

Esa decisión popular no fue del gusto de las oligarquías que tradicionalmente habían gobernado el país. Tampoco satisfizo a los Estados Unidos que ven inquietos estos alborotos revolucionarios en su “patio trasero”. El descontento alcanzó también a las multinacionales petroleras –Repsol YPF, entre otras- cuyas cuotas de participación en las ganancias derivadas de la explotación del gas boliviano se han reducido sensiblemente.

Desde el mismo día en que Evo Morales fue elegido, sus adversarios no han abandonado, ni por un momento, su empeño de derrocarle o, cuando menos, frustrar sus planes de democratización y distribución equitativa de la riqueza del país.

El último lance de esta indecente batalla toma la forma de una aparentemente espontánea pulsión autonomista en aquellos departamentos en los que, además de ubicarse los mayores yacimientos de gas y tener un mayor grado de desarrollo económico, el apoyo con que cuenta el Presidente Morales es inferior. Los enemigos de la revolución humanista y no-violenta impulsada por Evo, bajo la apariencia de nobles aspiraciones descentralizadoras, han convocado, al margen de todo procedimiento legal, un referéndum para sancionar un proyecto de Estatuto de Autonomía que, una vez pasada la declaración de lealtad a la República del preámbulo, toma aspecto de carta fundacional de un nuevo Estado. Como era de esperar, se atribuye al gobierno autonómico el “control y fiscalización” de la producción de hidrocarburos, cosa que, imaginamos, llenará de gozo a las multinacionales petroleras.

El referéndum está convocado, a pesar de la reprobación de la autoridad electoral, para el 4 de mayo. Es inédito que, en un país con un proyecto constitucional recién aprobado y sólo a falta de ser plebiscitado, una administración local, en una maniobra digna de un piloto de fórmula uno, se adelante y convoque su propio referéndum, pretendiendo apalancar para dicha administración local competencias que, de acuerdo a la Constitución del Estado, no pueden ser descentralizadas.

La democracia directa es el mejor instrumento para la adopción de decisiones colectivas, pero lo que en apariencia es una expresión democrática, no lo es, puesto que están siendo excluidos de la toma de decisión la mayoría de los afectados por ésta. No es democrático que unos pocos decidan sobre lo que es asunto de todos. Y, las reglas del juego de un país son asunto de todos sus habitantes. Y, los recursos naturales de un país son asunto de todos sus habitantes. Los cruceños por sí solos no pueden ni deben decidir sobre la estructura constitucional de Bolivia ni pueden atribuirse para sí competencias que son del conjunto de los bolivianos.

Los enemigos de la democracia y de la equidad social saben que con este ardid obstaculizan la aprobación de la nueva Constitución de Bolivia, que ya es reconocida como la más avanzada del mundo en materia de derechos humanos. E, incluso, con un poco de fortuna, podrían conseguir que sean sus mismos compinches los que controlen qué cantidad de gas extraen de los yacimientos bolivianos.

Los embajadores norteamericanos, los nuncios y los ejecutivos de las multinacionales siguen tratando de gobernar al mundo. Si antes buscaban sus peones entre los latinoamericanos que se formaban en la “Escuela de las Américas”, hoy los reclutan entre los alumnos aventajados de prestigiosas universidades privadas. Así son los golpes de estado del siglo XXI.

No es admisible seguir calificando de “asunto interno” un intento orquestado desde el exterior para violentar la voluntad de un pueblo. La comunidad internacional debe actuar. Y, el Gobierno de España debería asegurar, cuando menos, que los intereses de las multinacionales españolas en general, y de Repsol YPF en particular, no interfieren en la difícil situación que se está viviendo en Bolivia.

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Saturday, April 12, 2008

El derecho a migrar

Dice el artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio.

Es obvio que, para que este derecho sea efectivo, se requiere que quien trata de salir de un país sea admitido en otro en el que no se den las condiciones causantes de la expatriación, que habitualmente son la pobreza, la violencia física, la represión o la discriminación. Dicho en otros términos, para garantizar este derecho se requiere que la legislación del país de salida reconozca el derecho a emigrar y que la legislación del país de llegada reconozca el derecho a inmigrar. Si no se cumplen ambas condiciones, en esta materia, la Declaración Universal de Derechos Humanos se convierte en papel mojado.

A los gobernantes de los países de la Unión Europea se les llena la boca cuando hablan de los Derechos Humanos pero, tanto la legislación comunitaria como las internas están concebidas para negar esos derechos a todos aquellos a los que el destino castigó con haber nacido en lugares de la Tierra donde la pobreza campa a sus anchas.

Mientras existió el bloque soviético, Europa Occidental exigía a los países de la otra Europa que autorizara la libre salida de sus ciudadanos. Cuando cayó el bloque, estos cínicos “defensores de los derechos humanos” se apresuraron a aprobar leyes que impidieran la entrada de aquellos que ya podían salir.

Fundamentan las leyes de extranjería en razones económicas, de orden público o de diferencias culturales. Son iguales a los que se oponían al fin de la esclavitud presagiando calamidades económicas por el encarecimiento de la mano de obra, graves desórdenes públicos causados por los libertos que no encontraran empleo e inespecíficos males morales derivados de igualar en derechos a blancos y negros. Algunos, de buena fe, alertaban sobre que la vida de muchos negros liberados empeoraría al dejar de tener garantizado el sustento. Nunca se produjeron los males morales presagiados, sino más bien al contrario. Ahora bien, la economía se resintió –especialmente la economía particular de algunos- al dejar de ser productivas muchas explotaciones agrícolas. También es cierto que la vida de muchos libertos empeoró con respecto a la situación anterior.

Sin embargo, por desastrosos que hubieran sido los resultados, casi nadie en su sano juicio pondría hoy en duda que la libertad de un ser humano no puede condicionarse a que eso sea bueno para la economía de un país. De igual modo, en esta época hemos de afirmar, que el derecho de todo ser humano a escapar de la miseria o cualquier otro tipo de injusticia no puede condicionarse a la conveniencia que ello tenga para los asuntos internos de un Estado o de una organización internacional, como es el caso de la Unión Europea.

Se afirma que la Unión Europea no está preparada para soportar la presión derivada de la derogación de todas las leyes que restringen los flujos migratorios, pero se omite decir que nada se ha hecho y nada se hace para que esa realidad cambie.

El compromiso de las autoridades nacionales y comunitarias con los Derechos Humanos debería materializarse en planes concretos u “hojas de ruta” conducentes a la absoluta liberalización en breve plazo de la circulación y asentamiento de personas. Dichos planes han de prever tanto los cambios normativos como las acciones de gobierno orientadas a amortiguar el impacto social y económico del nuevo escenario. Por otra parte, la credibilidad de estas “hojas de ruta” va a depender del establecimiento de hitos intermedios verificables que representen avances sustanciales sobre la situación de partida.

Reconocer el derecho a migrar no es un mero acto de generosidad o de solidaridad de Europa y del resto de los países desarrollados. Es una obligación jurídica, nacida de los instrumentos internacionales de protección de los derechos humanos suscritos por las potencias europeas y lo único que cabría discutir sobre las obligaciones jurídicas de los Estados respecto a los derechos humanos es cómo y cuándo las cumplen.

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Saturday, March 8, 2008

Frente a la crueldad y la sinrazón, no-violencia

Ayer mataron a un hombre común. Su delito: haber sido concejal de su pueblo. No es la primera vez que asesinan, no es la primera vez que escogen a un individuo corriente, no es la primera vez que lo hacen con premeditación y alevosía. Aunque a diario ocurren hechos igual de crueles en todos los rincones del mundo, el acontecimiento se percibe más real cuanto más próximo o semejante sentimos a la víctima y, con ello, se hace más manifiesta la repugnancia que nos produce la violencia.

Han matado a un ser humano y han dificultado aún más el fin del sufrimiento. Y a los más violentos del otro lado, les ha faltado tiempo para vincular el hecho con los intentos de negociación con ETA y, así, desplegar su lenguaje más belicoso. Omiten decir que si el diálogo hubiera fructificado no tendríamos que seguir lamentando muertos.

Aunque la prudencia ha dominado las declaraciones de casi todos los partidos parlamentarios, algunos tememos que este asesinato desencadene una nueva involución en materia de derechos y libertades. Los indicios son peligrosos: Zapatero ha pasado de enorgullecerse de su compromiso con la paz a avergonzarse del diálogo con ETA y demostrar con ilegalizaciones de partidos, encarcelamientos por delitos de opinión y endurecimiento de las condiciones penitenciarias que puede ser tan “firme” como el PP en la “lucha contra el terrorismo”.

Desde luego que el Gobierno tiene el deber de localizar a los asesinos y ponerlos a disposición de los tribunales de justicia, pero también debe renunciar, por muchas que sean las presiones de los neofranquistas, a acciones violentas de toda índole –aunque sea una violencia de grado y calidad inferior a la de ETA- como es la negación del voto a un 10% de los vascos o el encarcelamiento de personas cuyo único delito es haber hecho uso de la libertad de expresión. Esas acciones gubernamentales no sólo son inmorales sino que están alejando más y más la legítima aspiración de todos a vivir en paz.

Frente a la crueldad y la sinrazón, no hay mejor respuesta que la no-violencia. El Gobierno que salga de las elecciones tiene el deber de apostar por iniciativas no-violentas como único modo posible de resolución definitiva del conflicto vasco.

En estos momentos de conmoción, cuando es fundamental no perder la calma, conviene recordar que, como dijera Gandhi, nada de lo obtenido con violencia podrá mantenerse sin ella. Añadiremos que la acciones violentas suelen ser causa y efecto de otras acciones violentas en lo que parece una espiral sin fin. Y que, sólo respuestas no-violentas permiten romper este círculo infernal.

Aquéllas son mis reflexiones. Mi corazón está con la familia de Isaías, con sus amigos, con sus paisanos y con sus compañeros de trabajo, partido y sindicato.

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Saturday, December 15, 2007

Bolivia: La revolución no violenta

El 18 de diciembre de 2005, ocurrió un acontecimiento que representa un hito en la historia de América Latina. Evo Morales, un indio aymara, de oficio recolector de coca, y cuyos trabajos anteriores fueron los de trompetista, panadero y ladrillero, fue elegido como presidente constitucional de la República de Bolivia.

“El indio”, como con ánimo despectivo y fuerte dosis de racismo, le llaman sus detractores, obtuvo un 53% de los votos frente al 28% de su inmediato adversario. En las elecciones participaron un 84% de los censados. El Presidente Morales es el líder moral de una iniciativa de cambio constitucional de naturaleza revolucionaria y que podría colocar a Bolivia en la vanguardia del humanismo político.

La nueva constitución boliviana será una apuesta firme por los Derechos Humanos. Contendrá casi cien artículos dedicados al reconocimiento de derechos individuales y colectivos, frente a los apenas cuatro artículos de la actual Carta Magna. Los derechos de niños, ancianos, poblaciones originarias, trabajadores, discapacitados, consumidores, presos, etc. quedan elevados a rango constitucional. Pero no es sólo una cuestión de cantidad sino de la eficacia real de la regulación. Frente a las meras declaraciones de intenciones habituales en los textos constitucionales, se recoge expresamente la gratuidad de la enseñanza hasta el bachillerato, la universalidad y gratuidad del sistema de salud, el derecho a la pensión de vejez o la universalidad de la seguridad social, por poner solamente algunos ejemplos.

Se podría señalar que algunos de estos derechos están reconocidos también en algunos países de Europa. En tal caso habría que precisar también que, en estos países, aquellos derechos que no están consignados en la Constitución pueden ser suprimidos por mera decisión del partido mayoritario. Además, el significado real de estos derechos en un país como Bolivia con una renta anual por habitante de unos 800 euros es absolutamente diferente al de Europa. En Bolivia, blindar constitucionalmente ciertos derechos económicos y sociales es, para mucha gente, la diferencia entre la vida y la muerte.

Se trata, por otra parte, de la Constitución de la libertad de opción. A diferencia de la actual, que obliga al Estado al sostenimiento de la Iglesia Católica, la nueva reconoce expresamente la libertad religiosa y sanciona la discriminación por razones religiosas, así como la derivada de la orientación sexual o la identidad de género. De igual modo, se reconoce el derecho de mujeres y hombres a decidir sobre la oportunidad de tener o no tener hijos y se promueve la convivencia en los centros educativos de personas con diferentes opciones de espiritualidad.

Incorpora el proyecto constitucional artículos que, en beneficio de la paz mundial, deberían ser sin dilación reproducidos en las leyes fundamentales del resto de las naciones. Se trata de la declaración de Bolivia como estado pacifista, la prohibición de las bases militares extranjeras y la renuncia a la agresión armada como método de resolución de conflictos.

A pesar de lo anterior, el proyecto de Constitución está siendo contestado con asombrosa fuerza tanto dentro como fuera del país.

Se emplean métodos de guerrilla urbana para oponerse a un proyecto que aún ha de ser sometido a referéndum, como si se tratara de una ley impuesta por un dictador. Si además se entiende que las revueltas son por un tema de tan poca entidad –en comparación con el reconocimiento de derechos y libertades- como la ciudad en la que se ubica cada órgano del Estado, el desconcierto del observador no informado será absoluto.

De otra parte, los gobernantes de algunos departamentos del país han negado legitimidad tanto al proyecto como al referendo por supuestos defectos de forma en el proceso de elaboración del texto y están incitando a la revuelta popular. Evitan admitir que, si se llega a producir, la decisión popular de aprobar la nueva Constitución, tomada en referendo libre y secreto, subsanaría cualquier supuesto defecto de forma en el proceso previo.

El prefecto de Santa Cruz, el más rico departamento del país, presenta hoy, 15 de diciembre, un estatuto autonómico, mientras que el presidente de su Asamblea Legislativa anuncia el nacimiento de una nueva república.

Ese absurdo empeño de negar legitimidad a un referendo porque el proyecto se elaboró con mayor o menor rapidez, de combatir con revueltas violentas lo que aún no es más que un proyecto que debe ser sometido a consulta popular, y de provocar tensiones localistas y secesionistas en uno de los países más pobres de América Latina no es casual.

Fuertes intereses, tanto internos como externos, están tratando de provocar un conflicto violento de enormes dimensiones que justifique la adopción de medidas excepcionales y el descarrilamiento del proceso transformador que está experimentando Bolivia. Están inventando una guerra civil.

En clave interna, la oposición al proyecto constitucional está impulsada por la oligarquía racista y adinerada que tradicionalmente ha detentado el poder político y económico en el país y que hoy siente amenazados sus privilegios en el nuevo Estado que se configura en esta Constitución.

Desde fuera del país, las multinacionales que ven perjudicados los lucrativos negocios que hacían con la antigua clase dominante, están orquestando una campaña internacional contra el gobierno legítimo de Bolivia y sus representantes. La declaración constitucional de propiedad estatal de los hidrocarburos, la prohibición de privatizar los servicios básicos y la primacía del derecho a la salud sobre el derecho de patentes, apuntan a la línea de flotación de poderosas compañías petrolíferas y farmacéuticas. No son de extrañar las campañas de intoxicación orientadas a confundir a la opinión pública internacional y a minar la simpatía que la revolución pacífica boliviana y el mismísimo Evo Morales puedan despertar en el extranjero.

Frente a las presiones, el Gobierno de Bolivia está actuando con prudencia, evitando el uso de la fuerza y armándose de dosis de paciencia y tolerancia. Sin embargo, el enemigo es poderoso y carece de principios morales.

Seguirán promoviendo la violencia en la búsqueda de una respuesta (o de un simple error) gubernamental de igual naturaleza y resultados fatales que permitan descalificar al Gobierno de Bolivia, a su Presidente y a todo el proceso revolucionario. No les importa conducir al país a la guerra civil. No les importan los muertos que eso pueda causar. No les importa el futuro de los millones de bolivianos que carecen de lo mínimo para vivir. No les importa la salud de quienes podrán hacer uso de medicamentos cuyos precios son ahora prohibitivos. Sólo les importan sus privilegios. Sólo les importan las cotizaciones de Repsol, British Petroleum o Exxon en Wall Street.

Por todo lo anterior, el pueblo de Bolivia y su presidente necesitan hoy más que nunca del apoyo de personas, instituciones y medios de comunicación del mundo entero. Han tomado una bandera que es la de todos: la bandera de la no violencia, la bandera de los derechos humanos, la bandera de la libertad. Sería una inmoralidad y un error táctico dejarles solos ante tamaño enemigo. El partido que se disputa hoy en Bolivia no es ya sólo de los bolivianos sino de todos los seres humanos.

Pau Segado y Javier Sampedro.
Pau Segado y Javier Sampedro son, respectivamente, Secretario General y miembro de la Comisión Ideológica del Partido Humanista.

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Saturday, November 17, 2007

Europa y el desarme

Hoy, 17 de noviembre, y coincidiendo con la conmemoración de la Revolución de Terciopelo, los checos se manifiestan contra la decisión de su gobierno de aceptar instalaciones militares norteamericanas en su territorio. Se trata de una política rechazada, según las encuestas, por al menos dos tercios de los checos. Entre las demandas de los manifestantes está la celebración de un referéndum sobre la materia.

Las legaciones diplomáticas y consulares de Chequia en las ciudades europeas más importantes, entre ellas Madrid y Barcelona, están siendo hoy lugar de concentración de organizaciones humanistas y pacifistas para expresar su apoyo a las legítimas reivindicaciones de los manifestantes checos.

Los pueblos europeos no desaprovechan oportunidad para expresar su aversión al armamentismo y las guerras. El masivo rechazo de los europeos a la invasión de Irak fue una muestra más de la repugnancia que, en amplios sectores de la población mundial, provoca la violencia como método de resolución de conflictos internacionales. La buena acogida que, por el contrario, ha tenido entre esos sectores la declaración del presidente boliviano, Evo Morales, manifestando la renuncia de Bolivia a la guerra, confirma la impresión anterior.

Desde luego, que no puede ignorarse el actual sistema de relaciones internacionales y el clima imperante de violencia. Todavía la soberanía nacional es una garantía de los derechos de las personas y, también todavía, aunque deseemos que cambie el estado de las cosas, la fuerza militar es un fundamento de las relaciones internacionales. En ese contexto, el problema del desarme no puede trivializarse, pero tampoco cabe un derrotismo que acepte como inevitable este estado de cosas.

Enfrentar el reto histórico del desarme, dando satisfacción a las aspiraciones de paz de los seres humanos de esta época, es una tarea más adecuada para las organizaciones supranacionales de ámbito regional, como la Unión Europea, que para los estados-nación originados en el siglo XVIII, a los que la escena internacional les queda, como un traje heredado, excesivamente grande. Desde luego que los gobiernos nacionales pueden y deben ejecutar políticas favorecedoras del desarme, pero no deberían escatimarse esfuerzos en promover que dichas medidas sean asumidas en el seno de la Unión Europea.

El primer paso, una vez alcanzada la democratización de los poderes de la Unión, sería la unificación de la política exterior y de defensa y la desaparición de los ejércitos nacionales y su sustitución por una fuerza armada europea (integrada y no como mera agregación de los ejércitos suprimidos). Esta iniciativa, además de reforzar la identidad europea frente a las nacionales, permitiría una mayor eficiencia del gasto militar y, en consecuencia, su reducción sin deterioro de la eficacia.

Es cierto que iniciativas de desarme unilateral, especialmente en lo que a armamento convencional se refiere, crearían vacíos que rápidamente podrían ser ocupados por otras fuerzas violentas no necesariamente sometidas al poder civil legalmente constituido, causando un mal mayor del que pretendía evitarse. Ahora bien, no hay argumento alguno que sostenga el derecho de un país a mantener armamento nuclear, biológico o químico, cuyo uso, además de tener poco que ver con la defensa de la soberanía, podría causar daños de carácter inimaginable para toda la humanidad; Por ello, los esfuerzos deben dirigirse hacia el desarme unilateral de armamento NBQ y, simultáneamente, a conseguir un desarme proporcional y progresivo de armamento tradicional que invierta la tendencia armamentista y violenta actual, la cual no responde a la voluntad de los pueblos.

La tradición humanista de Europa, su condición de potencia mundial y el aún vivo recuerdo del doloroso tributo pagado en las guerras del siglo pasado, dotan a la Unión de mayor idoneidad y credibilidad para liderar iniciativas internacionales de desarme que la que tienen otras grandes potencias. Evidentemente, ello habría de pasar por la disolución de la OTAN o, cuando menos, por el abandono de las estructuras militares de esta organización o su transformación en una institución pacifista. También se requeriría la destrucción unilateral e incondicional de los arsenales nucleares, biológicos y químicos de los países de la Unión que poseen armamento de esta naturaleza y, más en concreto, de Francia y del Reino Unido.

La traducción práctica de ese liderazgo europeo en el escenario internacional consiste en convertir en la máxima prioridad de la política exterior común la consecución de acuerdos bilaterales y multilaterales de desarme progresivo con los países limítrofes con la Unión y, en general, con los de la cuenca mediterránea.

Dichos intentos no serán creíbles para sus vecinos en tanto Europa siga participando en invasiones, autorizando el despliegue de bases norteamericanas en territorio europeo o contribuyendo con sus tropas o su cooperación militar o diplomática a que se perpetúen ocupaciones de terceros países, como es el caso de Irak o Afganistán. Históricamente, algunas de dichas intervención militares han estado justificadas en una supuesta “necesidad humanitaria”, calificación de la que ha hecho uso y abuso, hasta el punto de cometerse en nombre de esas “necesidades humanitarias” auténticas tropelías contra la población civil o, simplemente, se ha abonado el terreno para la mera sustitución de unos opresores por otros. No se puede negar, desde luego, que en ocasiones la inacción de quien fácilmente puede impedir una catástrofe merece similar calificación moral que la que atribuyamos a sus causantes, pero debe evitarse la instauración de doctrinas del intervencionismo humanitario que, como demuestra la arbitrariedad con que se invocan y los resultados de tales intervenciones, suelen responder exclusivamente a intereses de los propios “intervinientes humanitaristas”. Cualquier intervención de esta naturaleza debería estar bajo bandera de Naciones Unidas, contar con un objetivo concreto y tener una duración limitada a lo imprescindible para la consecución del objetivo. Estos requisitos formales no serían condición suficiente, pero si necesaria, de cualquier intervención excepcional por razones humanitarias.

No se está hablando de la presencia de tropas europeas como fuerza de interposición o como garantes del cumplimiento de acuerdos entre los contendientes. En estas situaciones, siempre que se dé el acuerdo entre la totalidad de las partes en conflicto y la definición del alcance y duración de la misión, acudir en ayuda de quienes quieren poner fin a la violencia o, simplemente, frenarla temporalmente, es una obligación ineludible de quien tiene la capacidad para hacerlo y es reclamado para ello.

Aunque se haya convertido en un tópico, sigue siendo cierto que es una inmoralidad mayúscula negar recursos financieros para cubrir las necesidades básicas de millones de seres humanos mientras se despilfarran esas cantidades en presupuesto militar. Este hecho nos proporciona un argumento adicional, y no precisamente de segundo orden, para corroborar, de un lado, la necesidad del desarme y, de otro, la optimización del gasto por la vía de la sustitución de los ejércitos nacionales por una fuerza armada europea.

Los conflictos bélicos o las situaciones de extrema tensión internacional propician el incremento de la demanda de armamento, munición y tecnología militar y, en consecuencia, los beneficios de la industria armamentística. Es usual, al menos en otros negocios, que las compañías productoras fomenten el consumo por la vía de “incrementar la necesidad”. Tal comportamiento, en otros sectores productivos, no tiene porque ser necesariamente malo, pero “incrementar la necesidad” de consumir armamento y munición consiste, en el mejor de los casos, en generar tensión bélica y, en el peor, en provocar conflictos. Aunque sería temerario afirmar que dicho comportamiento comercial ha de producirse siempre, los riesgos son de tal magnitud que resulta conveniente sacar de los circuitos del mercado y de la iniciativa privada la producción armamentística. Es decir, deberían quedar prohibidas, por normas de rango constitucional, la exportación e importación de armamento, munición y tecnología militar y la fabricación de armas, municiones o aplicaciones tecnológicas militares por parte de empresas privadas. Dejar de colocar armamento en los mercados internacionales es una de las mejores contribuciones que puede hacerse al desarme y en nada pone en riesgo la soberanía europea. Por otro lado, si la Unión no es cliente tampoco es sujeto de las campañas orientadas a “incrementarle la necesidad” de armarse. Finalmente, la inexistencia de intereses económicos perjudicados por el desarme previene contra grupos de presión que lo obstaculicen. Mientras Europa siga fabricando armas y vendiéndolas a países en conflicto, o comprándolas y alimentando con ello el desarrollo de la industria de la muerte, las intervenciones militares en auxilio de poblaciones desvalidas o la contribución a fuerzas de interposición seguirán siendo actos necesarios, pero tan hipócritas como financiar a las ONG que tratan de recomponer los daños causados con las armas que empresas de los países donantes previamente fabricaron y vendieron a las fuerzas beligerantes.

Quizá las iniciativas anteriores no sean las únicas posibles y quizás tampoco sean las mejores para conseguir eso que hemos dado en llamar “invertir la tendencia armamentista y violenta”. Pero en lo que sí habrá que convenir es en que la humanidad vive sobre peligrosos polvorines cuyo control está o puede fácilmente estar en manos de irresponsables fanáticos o simples codiciosos de poder y dinero y que va llegando el momento de cambiar este orden de cosas.

Javier Sampedro

http://javiersampedro.blog.com

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Friday, October 12, 2007

¡Feliz fiesta nacional!

Cada año se consuma el esperpento del 12 de octubre con pequeñas variantes. La novedad en esta ocasión, ha estado en que Su Excelencia el Jefe de la Oposición se ha dirigido a los españoles invitándoles a manifestar con “franqueza” su orgullo nacional y deseándoles una feliz fiesta nacional, cual si fueran a los toros.

Una vez más, el festejo lo ha presidido un Jefe de Estado cuyo cargo no procede de una elección democrática sino de la estirpe a la que pertenece y de la voluntad de un sátrapa. Aunque él, su esposa y sus hijos parecía gozosos de participar en el evento, la cara de aburrimiento que mostraba su nuera nos hace sospechar que ciertos gustos se llevan en la sangre y que, por más que se esfuerce Doña Letizia, pasará a mejor vida sin encontrarle la gracia a los desfiles.

Una vez más, ha ondeado la bandera y han sonado los acordes del himno de los golpistas que se alzaron en armas contra un gobierno democrático y el corazón de muchos se ha estremecido.

Una vez más, se elige una fecha que, además de carecer de significación histórica, pues conmemora hechos acaecidos antes de la existencia de España, hiere la sensibilidad de millones de seres humanos, principalmente descendientes de las víctimas, que se sienten identificados con los negros africanos y nativos americanos esclavizados, muertos y torturados y que perciben estas celebraciones como una suerte de escarnio al triste destino de sus antepasados.

Una vez más, el presidente del Gobierno se ha desempeñado con esa frialdad que le recrimina el vocero de radio-obispo al acusarle de escaso sentimiento patriótico, poco amor a España y desinterés por la bandera. La duda que asalta a todos es si su contribución a la patochada se debe a que es un pusilánime o a que está tratando asegurar un puñadito de votos entre la llamada derecha sociológica. Sea como fuere, nada bueno nos puede traer un presidente timorato o contemporizador con la derecha (aunque sea sólo “sociológica”).

Una vez más, en el desfile sólo han participado militares, caballos y cabras. Hemos esperado hasta el final, por ver si aparecían actuarios de seguros, pintores, maestros, otorrinolaringólogos, bibliotecarios, consultores, banderilleros, jardineros, electricistas, prostitutos, curas, oficinistas, jefes de estación, barrenderos, ingenieros, reponedores de hipermercado, taxistas, modistos, marinos mercantes, mayordomos, albañiles o miembros de cualquier otra profesión, pero nuestra paciencia no ha sido recompensada. De igual manera el homenaje fúnebre sólo ha alcanzado a militares muertos en acto de servicio. Ni una flor, palabra o canción para alguno de los mil trabajadores de otras profesiones fallecidos en accidente de trabajo en estos doce meses.

Una vez más, han exhibido obscenamente los artificios de matar.  Fusiles, ametralladoras, cañones, tanques y lanzamisiles han invadido la ciudad sin que el alcalde haya formulado la más leve protesta. Celebran la fiesta de la nación exhibiendo todo lo que tiene la nación para hacer daño y aún se sorprenden de que haya quien no quiera ser parte de esa nación ni participar de esa fiesta. Definitivamente, son cínicos o idiotas.

Quizá algún día adviertan que ya no hay más nación que la humanidad y que lo que nos une con nuestros congéneres de cualquier parte de la Tierra es más que lo que nos separa. Quizá ese día decidan que las fechas a conmemorar sean aquellas que tengan que ver con la vida y no con la muerte. Quizá ese día se hagan fiestas para todos, sea cual sea su oficio, el lugar en que nació o la lengua que hable y en las que vayamos sin uniformes. Quizá ese día no se hagan amenazadoras exhibiciones de fuerza ni se gaste en armas mientras nuestros hermanos se mueren de hambre. Quizá ese día los únicos himnos que se canten sean aquéllos que nos recuerden que no hay nada por encima del ser humano y que ningún ser humano está por encima de otro.

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Sunday, August 5, 2007

El polvo del Heredero

La injusta y sorprendente orden de secuestro de la publicación “El Jueves” por una caricatura en la que aparecían el hijo y la nuera del Rey copulando y sosteniendo una simpática conversación ha dejado expuestos al reproche, por su anacronismo, y a la risión pública, por su ineficacia, al juez que la acordó y al fiscal que la instó. Portada del jueves

La mayor parte de las críticas se han centrado en la incompatibilidad de la libertad de expresión con el secuestro cautelar de publicaciones.  Algunas más, se referían a la evidente inutilidad de la medida, pues la estampa cuya circulación pretendía impedirse ha alcanzado una difusión inimaginable sin el secuestro. Unas pocas protestas se han referido a la intervención del ministerio fiscal en una supuesta ofensa en la que habitualmente quienes reclaman justicia son los agraviados y no el ministerio público. Sin embargo, llama la atención que han sido escasísimos los reproches a la forma y contenido del auto judicial y de la denuncia del fiscal.

Buena parte del entorno del juez y del fiscal ha defendido a éstos invocando, con gran dosis de cinismo, una suerte de “obediencia debida” a la ley: “los jueces aplican las leyes, no las hacen”, alegan. Omiten que también es misión de los jueces la interpretación de la ley y que la calificación de la viñeta como “claramente denigrante” y de la actitud de los protagonistas como “objetivamente infamante” es atribuible exclusivamente al fiscal, así como es de la exclusiva firma del juez la consideración de que la caricatura afecta al honor de los copulantes y a la raíz última de su dignidad.

La mayoría de los críticos se han cuidado de explicitar su desacuerdo con la caricatura y han remarcado este desacuerdo empleando calificativos para el dibujo tales como cochino, grosero, zafio o soez. Estas expresiones, sin ser tan osadas o arrogantes como las empleadas por fiscal y juez ratifican en su condición de ofendidos a los protagonistas de la escena y ubican la broma en el terreno de lo reprobable. No queda de ningún modo claro si lo “claramente denigrante”, zafio, soez, grosero y de mal gusto de la caricatura están en el texto, en la representación de los cuerpos desnudos del hijo y de la nuera del rey o en la actividad que ejecutan. Del escrito de denuncia del fiscal pareciera que lo “objetivamente infamante” es la postura corporal adoptada en el ayuntamiento carnal de los príncipes, aunque no se esclarece si la representación del coito en otras posturas también merecería reprobación.

¡Qué diferentes son los significados de algunas palabras según quien las use! Mientras para ellos lo grosero y lo zafio está casi irremisiblemente vinculado a la práctica del sexo para otros el sexo es diversión, juego, pasión, sutileza, delicadeza y, a veces, amor. En cambio, vemos zafiedad en la continua exposición de la intimidad de personas en “reality shows”, programas del corazón y otros subproductos televisivos que tanta rentabilidad aportan a los patrones de los biempensantes. El mal gusto lo hallamos en la exhibición obscena de riqueza de la que hacen gala el Rey y sus familiares mientras una quinta parte de los españoles viven bajo el umbral de pobreza relativa. Infamantes son las sentencias de esos jueces que atribuyen incapacidades para la educación de sus hijos a personas cuya orientación sexual no es de su agrado. Y la denigración la encontramos en los inmigrantes hacinados en los centros de acogida, en el trato recibido por los que acuden a la sanidad pública y son aparcados en pasillos de las urgencias a la espera de mejor destino, en un sistema educativo que conduce al fracaso escolar a un 30% de los menores o en la privación del derecho a una vivienda digna de que están siendo objeto la práctica totalidad de los jóvenes.

Que la escena de un cándido polvo de Felipe de Borbón y Letizia Ortiz haya sido descalificada con adjetivos tan recios sólo se explica por la persistencia del pensamiento nacional-católico en los tribunales de justicia y en las redacciones de los medios. Los más estúpidos siguen viendo el sexo con la mirada de los curas y las monjas que les instruyeron. Los más cínicos recurren a tan pobres argumentos para evitar pronunciarse sobre el fondo de asunto: la ausencia de legitimidad democrática del Jefe del Estado y el abuso que supone que con cargo al erario público y, sin dar cuentas a nadie, se mantenga a una parentela tan amplia que carece de actividad productiva conocida.

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Saturday, June 9, 2007

La cobardía de Zapatero y el fin de la tregua

El comunicado de ETA declarando el fin de la tregua certifica la pérdida de otra oportunidad para la paz. Y esta vez, ni ETA ni el PP han defraudado. Ambas organizaciones han hecho exactamente lo que, revisando sus respectivas historias, era más probable.

El Partido Popular y ETA comparten su devoción por la violencia como modo de resolver los conflictos. La apuesta de ETA es por una violencia que tiñe los suelos de sangre y los corazones de terror y que las leyes reprueban. La apuesta del PP es por el uso de la violencia legal; es decir, la que en régimen de monopolio, las leyes atribuyen al Estado. Para la derecha, el camino está en encarcelar no sólo a los asesinos, sino también a los que dicen lo que no gusta escuchar, en incrementar el castigo de los presos alejándolos de sus familias y en suprimir el derecho a elegir o ser elegidos para cargos públicos a todo aquel sospechosos de simpatizar con los fines de ETA.

En esa lógica, no es muy sorprendente que ciertos sectores etarras, decepcionados por que el alto el fuego no produjera una respuesta visible, decidieran presionar con una bomba y, visto que la bomba de Barajas y sus dos muertos tampoco ha provocado avances tangibles, ahora concluyan que lo que hay que hacer es poner más bombas y, además, lo anuncien con un comunicado público. La lógica de la derecha es similar: su punto de vista es que el PSOE no ha aplicado con la energía debida el palo largo y la mano dura y, que si es necesario, alarguemos el palo y endurezcamos la mano.

Si la pretensión es de eterna venganza y reparación de afrentas históricas, el camino que marcan estos dos actores, la derecha y ETA, es el adecuado. Seguiremos acumulando muertos, presos, desplazados interiores y exteriores, miedo, dolor y sufrimiento.

Por el contrario, si se busca la paz, sólo hay un camino : el de la reconciliación y la no violencia. Este camino requiere grandes esfuerzos; hay que tratar, aunque sólo sea por un instante, de mirar la realidad desde los ojos de quien no comparte nuestras ideas o creencias; hay que intentar entender las aspiraciones, los temores y los sentimientos de los otros y hay, en definitiva, que armarse de grandes dosis de paciencia porque muchas veces se siente que los esfuerzos no son correspondidos. Pero, con todas esas dificultades, es la única alternativa válida.

Algunos confiábamos que Zapatero, tras haber adoptado decisiones que demostraban un arrojo político superior al de otros correligionarios suyos, reconduciría los despropósitos acumulados por sus antecesores en relación con la política antiterrorista. Esperábamos que haría desaparecer del Código Penal los delitos de opinión creados a medida para encarcelar al que compartiera objetivos con ETA (aunque no compartiera su actividad criminal), que reformaría la Ley de Partidos o, cuando menos, que emplearía la discrecionalidad que le otorga dicha ley para que ningún vasco se quedara sin votar a su opción política preferida y que acercaría los presos vascos a su entorno, eliminando la arbitrariedad jurídica que supone añadir a la pena de privación de libertad, un destierro no previsto en el Código Penal.

Todas estas medidas son de justicia y podían y debían adoptarse en esta legislatura con independencia de cuál fuera la actitud de ETA. Se trataba, simplemente, de volver a poner las leyes española en concordancia con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de devolver a éstas el sentido común, la inclinación por la tolerancia y la repugnancia por la represión que mejor representan el espíritu democrático de los españoles.

El alto el fuego de ETA, en marzo del año pasado, convirtió en urgentísimo lo que ya estaba identificado como necesario.

Sin embargo, Zapatero se arrugó frente a unos y frente a otros. En tres años, se ha convertido en una caricatura de lo que fue o lo que pudo ser. El presidente ha carecido de valentía política de tomar las decisiones que había que tomar. No ha sabido aguantar la presión a la que le ha sometido el Partido Popular, ha estado más preocupado del “qué dirán” (es decir, del coste en votos de cada paso) que de la responsabilidad histórica que tenía. Le ha quedado grande el traje. Ha hecho poco y a medias, dejando insatisfechas a todas las sensibilidades y transmitiendo a la opinión pública la idea de que los derechos humanos podían ser objeto de negociación.

Ha postergado por todos los medios el procesamiento de líderes de Batasuna en vez acometer la supresión del Código Penal de los absurdos delitos que se les imputan. Ha promovido arbitrariamente la ilegalización de unas listas electorales mientras que ha permitido que otras se pudieran presentar y ha mantenido el ilegítimo alejamiento de los presos. Con este “quedarse a medias”, el Gobierno ha transmitido la imagen de que estaba haciendo concesiones a los terroristas, lo cual constituía justamente la tesis del Partido Popular.

Zapatero no ha sido capaz de comprometerse con la libertad de expresión, el derecho a elegir y ser elegido y el derecho de todo convicto a no ser condenado a más penas que las previstas en las leyes. No sabemos cuál habría sido la reacción de ETA en otro escenario. Lo que sí sabemos, en cambio, es que hoy tendríamos una presidencia del gobierno más fuerte, confiable y comprometida contra la violencia. En vez de ello, tenemos un presidente acogotado, lastimoso y suplicante, acosado por el trío más siniestro de la historia política de España : Rajoy, Acebes y Zaplana que trata por todos los medios de darle el abrazo del oso. Y todo ello, por preferir conservar media docena de votos “centristas” antes que la defensa de los derechos humanos.

No podemos afirmar que la cobardía e inmadurez de Zapatero sea la única o la principal razón del fracaso del proceso de paz, pero, si no rectifica pronto, será causa suficiente para que pase a la historia caracterizado, no por su famoso talante, sino por la misma traza de mediocridad política y pobre calidad humana que caracterizó a sus predecesores.

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Tuesday, March 6, 2007

Que se los queden

Algún representante gubernamental y otros del PSOE reprendían hace unos días al Partido Popular por apropiarse de los símbolos patrios. Les disgustaba que las banderas rojigualdas distinguieran las manifestaciones organizadas por el PP y sus adláteres y que, para colmo, cerraran sus actos a los sones de la Marcha Real.

Entiendo que el Gobierno tiene la responsabilidad de oponerse a todo intento de apropiación por una parte de aquello que es de la colectividad. Sin embargo, en este caso, y por lo que a mí respecta, pueden ahorrarse las molestias.

En absoluto me siento representado por esa bandera o por ese himno. Su aceptación fue parte del precio a pagar para poder desmantelar la dictadura franquista pero no es fácil olvidar que constituyen el símbolo de unos militares rebeldes que traicionaron a su pueblo derrocando a un gobierno democráticamente elegido. A mí, personalmente, el único recuerdo que me evocan la bandera y el himno son las coacciones y la privación de libertad que bajo el nombre de “servicio militar” experimenté hace ya unos años.

No imagino mayor felicidad para mayor número de españoles a la vez, que la supresión de estos símbolos del Estado y su puesta a disposición, sin restricciones, como si de software libre se tratara, para todos aquellos partidos, asociaciones, colectivos, etc. a cuyos militantes se les eriza el vello a los sones de la marcha real mientras contemplan ondear la bandera roja y amarilla.

A los que nos produce mal rollo, nos veríamos liberados de la pesada obligación de contemplar la bandera hasta en la sopa y de que nos den la brasa con el “chunda, chunda”.
 

A los que les guste, en cambio, podrán usar ambos símbolos con total libertad y hasta “tunearlos”. Podrán ponerle la letra que les parezca bien al himno, incluida aquella de “Franco, Franco, que tiene el culo  blanco…”. Del mismo modo podrán incluir en la bandera cuantas representaciones de aves salvajes o de corral les parezcan adecuadas, sin que por ello nadie les afee su conducta ni les tache de “preconstitucionales”.

En cuanto a la preocupación que alguien pueda sentir por las consecuencias de vivir en un Estado carente de símbolos patrios,  doy fe de que, de facto, dicha carencia es una realidad para muchos ciudadanos españoles desde hace largo tiempo y no parece que nuestra conciencia cívica (ni nuestra salud) se haya resentido por ello. Por otra parte, los problemas de protocolo en actos oficiales, eventos deportivos, representación en organismos internacionales, etc. podrían resolverse sustituyendo la bandera por un cartel que llevara escrito el texto “España” y, el tiempo concedido para la interpretación del himno, podría aprovecharse para incluir alguna selección de éxitos de los cuarenta principales. 

El único colectivo perjudicado por medidas como las propuestas, sería el de los aficionados al “bandering”, ese deporte consistente en la sustitución de banderas de los balcones municipales y la posterior quema de la bandera sustituida. Su capacidad de elección de la bandera a quemar quedaría sensiblemente reducida, pero estoy seguro de que sabrán encontrar otras actividades lúdicas en las que recrearse.

 

¡Viva Ej……….paña!

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