Tuesday, February 13, 2007

Carta abierta a Ignacio de Juana Chaos

Madrid, 14 de febrero de 2007

Señor de Juana:

Hace 20 años fue Vd. encontrado culpable de 25 asesinatos y condenado por esos hechos a una pena de privación de libertad que recientemente ha terminado de cumplir.

Es muy probable que muchos de los familiares y amigos de sus víctimas nunca consigan perdonarle tal infamia y, seguramente para algunos, cualquiera que hubiera sido la pena impuesta, le habría parecido insuficiente en relación con la gravedad de los crímenes cometidos.

Sin embargo, en un Estado de Derecho, las sanciones por la comisión de un delito dado no vienen determinadas por los sentimientos u opiniones de las víctimas o sus allegados, sino por las previsiones establecidas en las leyes aprobadas democráticamente.

A pesar de que la pena que le fue impuesta ya ha sido cumplida, algunos que comparten con Vd. el escaso respeto por las leyes penales consideraron inadecuada su excarcelación cuando legalmente hubiera correspondido y clamaron por su continuidad en prisión, sin reparar en medios para conseguir su objetivo.

Y tanto empeño tuvo éxito, pues tres jueces de la Audiencia Nacional le condenaron injustamente a 12 años de prisión por escribir un par de artículos en un periódico, satisfaciendo de ese modo tanto a aquéllos que han transformado en odio y rencor el dolor originado por sus actos criminales como a los miserables que tratan de obtener rédito político de las víctimas.

Estos tres jueces, no solo erraron en su decisión, sino que, además, con su torpeza, le condujeron desde la ignominiosa condición de victimario a la de víctima, entorpeciendo de un modo irresponsable un proceso de paz en el que numerosos ciudadanos teníamos depositadas nuestras esperanzas.

Desde el punto de vista estrictamente legal, Vd. cumplió su condena por asesinato y no tiene ya deuda alguna con la sociedad. Sin embargo, cuánto nos habría satisfecho a algunos ver que alguien tan simbólico con Vd. en la dolorosa y lamentable historia del llamado “conflicto vasco” hubiera actuado con un mínimo de mesura, permitiendo que fueran los interlocutores político o los negociadores quienes hubieran puesto remedio a la desafortunada resolución judicial.

Sin embargo, Sr. de Juana, ha hecho Vd. exactamente lo contrario. Ha tomado un protagonismo innecesario con su huelga de hambre, que no sólo no ha remediado el embrollo creado por la Audiencia Nacional, sino que lo ha magnificado, dificultando su solución y creando graves problemas a aquellos que de una y otra parte estaban tratando de alcanzar acuerdos.

Sr. de Juana, el “conflicto vasco” no necesita ya de más mártires. Ojalá Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio sean los últimos muertos de esta sinrazón. ¿Es demasiado para su vanidad renunciar a ser la última víctima? Le solicito, le ruego encarecidamente, le suplico que cese en su huelga de hambre.

El Tribunal Supremo, con admirable sensatez, ha pronunciado una sentencia que sigue siendo tan jurídicamente discutible como la del tribunal inferior, pero que abre las puertas a una solución eficaz a la injusticia que se está cometiendo en su caso.

Ya han sido bastantes los despropósitos, Sr. de Juana. Aproveche la oportunidad que la juiciosa resolución del Tribunal Supremo nos ofrece y deje que el Gobierno haga el resto. Cada día que sigue Vd. en huelga de hambre dificulta más su propia puesta en libertad y retrasa el fin negociado de una situación de violencia en el que, más por necesidad que por ingenuidad, muchos aún confiamos.

Reciba un atento saludo,

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Wednesday, October 18, 2006

Del 12-10 al 10-12. Carta abierta a José Luis Rodríguez Zapatero

Madrid, 19 de octubre de 2006.

José Luis Rodríguez Zapatero
Presidente del Gobierno
Madrid

Estimado presidente:

Desde aquel año en que acudiste al desfile del 12 de octubre y te quedaste sentado mirando como pasaba la bandera de los Estados Unidos mientras Josemari y otros se cuadraban, observamos expectantes tus actuaciones en relación con la Fiesta Nacional.

Muy a pesar nuestro, no has dado el paso que tanto desearíamos. Año tras año, acudes al desfile y allá, cerca de Juan Carlos y su amplísima y real familia contemplas, con sonrisa de circunstancias, el paso de tanquetas, lanzagranadas, helicópteros, aviones, legionarios y cabras.

En la fecha que se conmemora se coronó con éxito la empresa de unos hombres que tuvieron la valentía de ir más allá de lo que establecían las rancias creencias de su época. Pero, también ese día dieron comienzo algunos de los episodios más tenebrosos de la historia de la humanidad: el genocidio de los indígenas americanos y el tráfico masivo de esclavos entre África y América.

Así pues, por más que reconozcamos el valor de la hazaña de los que cruzaron el océano y expandieron los límites del mundo conocido, entendemos que ese día tiene para la humanidad tanto o más de vergonzoso que de honroso.

Estarás probablemente de acuerdo en que el orgullo de pertenencia a nuestra comunidad, ya no lo asentamos en las heroicidades de nuestros ancestros, sino en la contribución que hacemos para que el anhelo de igualdad de derechos y oportunidades para todos los habitantes de la Tierra sea pronto una realidad.

Como sabes, el 10 de diciembre de 1948 tuvo lugar la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Te proponemos que te unas a nosotros en la petición de que la Fiesta Nacional se traslade al 10 de diciembre. Sería un modo de decirles a todos los pueblos de la Tierra que estamos comprometidos con esos derechos, a los que aspiramos no sólo para nosotros, sino para la gran nación humana universal.

Ya no serían necesarias más paradas militares, sino que valdrían festejos civiles (menos fastuosos, por cierto) en los que se diera cabida a todos, incluidos los que han venido de otras tierras para vivir y trabajar con nosotros. Así dejaríamos de dar el bochornoso espectáculo de despilfarrar en bufonadas acrobáticas mientras muchos congéneres se nos mueren de hambre. Además, estamos seguros de que Doña Letizia nos estará eternamente agradecida por evitarle el suplicio que estos eventos le supondrían en sus más que previsibles futuros estados de buena esperanza.

Un afectuoso saludo,

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Sunday, May 21, 2006

Carta abierta a Benedicto XVI

Madrid, 21 de mayo de 2006. 

Señor Don Joseph Ratzinger (también llamado Benedicto XVI)
Jefe del Estado Vaticano
Ciudad del Vaticano

Estimado señor:

He sabido que hoy, en la recepción de cartas credenciales del Embajador de España ante la Santa Sede ha manifestado Vd. su respetable opinión sobre la regulación legislativa que tienen en España el matrimonio, la educación y el aborto.

Como ciudadano español, entiendo que, en aplicación del principio de reciprocidad, leerá Vd. gustoso mis opiniones sobre algunas regulaciones legislativas y práctica ordinaria del poder ejecutivo en el Estado Vaticano.

La imposibilidad de que las mujeres accedan al cargo que Vd. ocupa, así como a la mayor parte de los altos cargos, reservados para cardenales, obispos, presbíteros y diáconos, es una violación efectiva de los artículos 2 y 7 de la Declaración de los Derechos Humanos.

El hecho de que la persona que ocupa su cargo, así como los miembros del colegio cardenalicio, pierdan automáticamente su cargo si contraen matrimonio es contraria a lo que dispone el artículo 17 de la Declaración de los Derechos Humanos.

El hecho de que la totalidad de los funcionarios de la administración que Vd. dirige (incluyendo las fuerzas policiales) tenga la obligación de profesar la religión católica infringe los artículos 2, 7, 12 y 18 de la citada Declaración.

El monopolio estatal de los medios de comunicación en el Estado que Vd. gobierna muestra que, en la práctica, el artículo 22 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos no está siendo aplicado en el Estado Vaticano.

La ausencia de elecciones periódicas en las que participen todos los ciudadanos de su Estado me permite afirmar que el artículo 21 de la Declaración tampoco está siendo de aplicación en ese Estado.

Finalmente, el poder absoluto que ejerce Vd. en el Estado Vaticano, que incluye el nombramiento de los órganos de justicia, hace de imposible aplicación el artículo 10 de la misma Declaración.

Sr. Papa, confío en que tenga en cuenta mis palabras, no dictadas por ninguna divinidad, sino por el deseo de que en todos los pueblos de la Tierra los Derechos Humanos sean una realidad, y promueva pronto las reformas legislativas que conduzcan en su país a la efectiva separación de poderes, a la instauración de la democracia como régimen de gobierno, a la ausencia de discriminación sexual y religiosa, a la libertad de expresión y a la libertad para contraer matrimonio sin que ello conlleve la pérdida de dignidad política alguna.

Quizá, cuando se resuelva lo anterior, en otra carta futura me refiera a la libertad de educación para que los padres vaticanos puedan inscribir a sus hijos en colegios laicos, de la libre disposición de su cuerpo por parte de monjas y seglares vaticanas, para que puedan abortar libremente, y de la libertad de orientación sexual para que todos los ciudadanos vaticanos, incluyendo desde luego a los cardenales y obispos y a Vd. mismo, puedan contraer matrimonio, si así les place, con alguien de su mismo sexo.

Le agradecería mucho que me comunicara las iniciativas que tenga pensado abordar para la mejora de los Derechos Humanos en el Estado Vaticano.

Reciba Vd. un atento saludo,

(haga click aquí para la traducción a italiano)

(haga click aquí para la traducción a catalán)

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